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ESTUDIO DEL ANTIGUO EGIPTO EN CHILE













INTRODUCCIÓN


El encabezado con que se inicia este capítulo, Egipto antes de Egipto, lo he tomado prestado del título de una exposición y publicación, realizada por el museo chileno de arte precolombino en el verano de 1997 y 1998. Se escogió el título “Chile antes de Chile” para la exposición mencionada, la cual mostraba los restos arqueológicos de las culturas existentes en el territorio chileno antes de la llegada de los europeos.

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La constatación de diferencias tan marcadas en los estilos artísticos de una época a otra, me motivó a tomar prestado aquel título sumamente evocador, donde los modos de vida y el lenguaje de las formas fueron tan distintos a las épocas venideras en el territorio chileno, como lo fue también en el Valle del Nilo antes de la formación del estado faraónico.

Es muy probable que el lector interesado en el antiguo Egipto y especialmente en la historia del arte faraónico, en tanto vaya avanzando en su lectura, se sorprenda un poco cuando aparezcan nombres de sitios aparentemente inconexos entre sí, tales como: Tassili, en Argelia; Lascaux, en Francia; Valencia, en España; Bhimbekta, en India e inclusive Piuni en Brasil, o Tangani en el norte de Chile. Pienso que tendría bastantes razones para abandonar la lectura, ya que su interés desde un principio se habría remitido tan sólo a Egipto. Es esa misma razón la que me insta a advertir al lector que no abandone su tarea, ya que justamente mi intención es mostrar que la desconexión entre lugares tan distantes como Chile y Egipto, desde la óptica del lenguaje de las formas, es más bien una apariencia; o que la distancia geográfica que separa a Egipto de España, puede resultar nula desde el punto de vista de la historia del arte. Precisamente, mi planteamiento considera legítimo e indispensable, el considerar el estudio del desarrollo artístico de una cultura, no teniendo en cuenta tan sólo un criterio estrictamente geográfico, que para el caso considero un reducido punto de vista. Si bien es cierto que la geografía —el valle del Nilo en este caso— puede ser un elemento condicionante de los estilos artísticos, estos últimos son algo distintos de lo que los condiciona, siendo la historia del arte, un proceso en el que no es posible realizar una ecuación, por ejemplo, con la historia de los conflictos políticos o con la historia de los avances técnicos, aunque indudablemente se encuentre estrechamente relacionada sobre todo con esta última.

Estas páginas pretenden iluminar sobre el proceso de conformación de lo que hoy llamamos "Estilo Egipcio" como un proceso compartido por todas las sociedades humanas que vivieron una experiencia común, llamada por nosotros “arte prehistórico”, y que confluyeron al formarse las primeras civilizaciones, en un mismo lenguaje de las formas básico, pero con sus particularidades o diferencias de grado. Deseo bosquejar tan solo las “grandes etapas” del lenguaje de las formas conocidas como arte paleolítico y neolítico— que antecedieron al llamado estilo faraónico, pudiendo así relacionar las aparentes divergencias de las etapas antes mencionadas con lo que todo el mundo conoce del arte del antiguo Egipto.

Es en este contexto donde se hace necesario conocer el largo proceso de la configuración de un estilo artístico como el egipcio, ya que soy de la opinión, de que más que ver un punto de partida en el universo artístico del Egipto faraónico, es conveniente ver en él, precisamente lo contrario, un punto de llegada, una especie de término de una propuesta estética, que dará paso a una nueva manera de expresión visual, contribuyendo con ello con una de las grandes etapas de la historia del arte. Pienso que el ocaso de la era precedente no se encuentra absolutamente desvinculada con la etapa venidera, más bien, fertiliza con su herencia —como el humus del Nilo que da vida a los campos de su valle— a esta nueva expresión; que de una u otra manera hunde sus raíces en la experiencia de una larga aunque olvidada tradición; un mundo diferente de lo que tradicionalmente se conoce del antiguo Egipto, con sus grandes pirámides y su escritura jeroglífica, un mundo en que aparecerían los cimientos del lenguaje de las formas de la civilización de los faraones... Un Egipto antes de Egipto.


ARTE PALEOLÍTICO

El Nuevo Mundo


Hace unos 12 millones de años, producto de una intensa actividad tectónica, el continente africano experimentó una importante transformación geológica en su parte oriental. Desde el Mar Rojo, siguiendo una línea por Etiopía, Kenia, Tanzania, hasta llegar a Mozambique, fue configurándose el “gran valle del Rift”. La intensa actividad volcánica, fue depositando capas de cenizas sobre la superficie, transformando definitivamente el paisaje selvático en una inmensa sabana.

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El origen de la humanidad estará vinculado con este nuevo mundo, un mundo que habría terminado con la mayoría de especies de homínines1 que por entonces poblaba el continente, un mundo en el que sobrevivieron sólo cuatro especies de simios, dentro de los cuales se encuentran el gorila, el chimpancé común y el chimpancé pigmeo, más una cuarta especie que se fue transformando y adaptando a medida que las presiones selectivas lo exigieron. Esta nueva especie, debió experimentar una serie de transformaciones biológicas que le permitirían sobrevivir en las difíciles condiciones reinantes. Aquella increíble resistencia contra la extinción, habría sido la causa de un nuevo tipo de existencia en la tierra: la vida humana (1).

El origen de la humanidad es un tema tan apasionante como intrincado, pero, a pesar de todo —siempre desde la óptica evolucionista— existe un consenso en situarla en el continente africano hace aproximadamente 5 millones de años atrás. A pesar de las innumerables hipótesis al respecto es posible clasificarlas en dos grupos. El primero de los enfoques es conocido como “teoría de la sabana”, la más difundida y aceptada por la paleo-antropología. De acuerdo con esta postura, el hombre habría devenido como una respuesta adaptativa a un nuevo paisaje: la sabana. Paisaje inhóspito comparado con el antiguo hábitat selvático, donde abundan los recursos alimenticios. Nuestros antepasados se habrían visto en la necesidad de sobrevivir en un espacio ajeno al mundo arborícola, adaptándose a un nuevo tipo de desplazamiento, donde la postura cuadrúpeda de los antiguos simios se habría vuelto inoperante. Por el contrario, la posición erguida, con la consecuente liberación de las manos y la fabricación de herramientas, habría permitido recorrer mayores distancias en la búsqueda y la obtención del sustento que escaseaba en la zona oriental de África, en el gran valle del Rift antes mencionado.

Una postura menos difundida, aunque de gran valor, es la “Teoría del ambiente acuático”, de la cual Elaine Morgan ha sido su mayor defensora y al mismo tiempo, una de las teóricas más críticas de los partidarios de la sabana como fundamento del bipedismo permanente de la futura especie humana. De acuerdo con este enfoque, el origen de la humanidad podría situarse en la Meseta de Danakil, una zona que hoy día forma parte de Etiopía, en el cuerno de África, en las costas del Mar Rojo. La teoría del ambiente acuático sostiene que hace 5 millones de años atrás, el mar rojo habría aumentado su nivel, quedando la Meseta de Danakil cubierta de agua, donde las partes más elevadas del lugar —los llamados “Alpes de Danakil”— habrían conformado una especie de isla. En este nicho ecológico se habría producido un aislamiento genético de un tipo particular de simio, donde nuestros antepasados se habrían ido familiarizado con un ambiente acuático, al desplazarse por las innumerables pozas de la región, dejadas cuando el nivel del mar habría descendido. En este ambiente nuestros antepasados habrían adoptado la postura erguida en la necesidad de caminar dentro de estas posas sin sumergir su cabeza (2).

Si con respecto al origen del bipedismo y posteriormente de la humanidad, no existe una certeza (acuática o terrestre), ambas posiciones concuerdan en lo fundamental. Quiere decir esto, que no es un tema de discusión el que nuestros antepasados hayan tenido que descender de los árboles, cambiando el ámbito de nuestro antiguo desplazamiento tridimensional a uno bidimensional. De aquel antiguo hábitat arborícola habríamos heredado la visión estereoscópica, con la consiguiente disminución de la función olfativa, el más importante de los sentidos para la mayoría de los restantes mamíferos e insectos.


NOTAS


(1) La nomenclatura actual considera que la familia de los homínidos englobaría a todos los grandes monos: Homínines (africanos), Pongines (asiáticos) y Homínini (humanos y especies extintas).

(2) Los partidarios de este enfoque consideran como pruebas del origen acuático en el bipedismo, la ausencia del pelo corporal, típica de los animales que pasan su mayor cantidad de tiempo en el agua. Otra característica que consideran como consecuencia del ambiente acuático, es la mayor cantidad de grasa que tenemos los humanos en comparación con los demás simios. También consideran una herencia del ambiente acuático nuestra capacidad para retener el aire a voluntad, algo que los demás simios son incapaces de realizar.


La liberación de la mano.


El cambio de la locomoción cuadrúpeda a la bípeda exigiría cambios sustanciales en la estructura anatómica del cuerpo (3). Se desarrollarán las extremidades inferiores, una pelvis más compacta para sostener el peso de la parte superior del cuerpo que ya no descansaría en las extremidades superiores, quedando libres estas últimas para cumplir funciones completamente nuevas.

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La liberación permanente de las manos servirá para manipular objetos con mayor precisión que cualquiera de nuestros antepasados, gracias al desarrollo tanto del tamaño como de la movilidad del pulgar, que desde aquel instante podrá ubicarse en relación opuesta a cada uno de los restantes dedos, algo fundamental en el desarrollo de la motricidad fina. Serán nuestras manos las que le darán la forma distintiva a nuestra sociedad, desarrollándola en una dirección muy distinta a las otras sociedades no humanas, como la de las abejas o la de los delfines por ejemplo. La creciente conciencia que irá adquiriendo la humanidad de los “elogios de la mano”, se hará manifiesta en los orígenes de la representación visual, ya que ésta se convertirá en uno de nuestros primeros símbolo de identidad como especie distinta del resto. Las llamadas “manos estarcidas”, una de las primeras pictografías rupestres realizadas en el paleolítico superior en todo el planeta, nos hablan de ello.

“Cuando más se liberaba, diferenciaba y perfeccionaba la mano, más se desarrollaba el hombre, mejor triunfaba sobre las dificultades y con más facilidad se adueñaba del medio físico en que vivía. Gracias a ella y a su acción modificadora, el hombre consolida su poder sobre las cosas y, cuanto más domina el mundo, mayor es la conciencia que adquiere de sí mismo.”(4)
Por millones de años, este simio bípedo que tuvimos como ancestro (¿Orrorin Tugénesis, Kenyanthropus Platyops, Australopithecus Afarensis u otra especie aún desconocida?) Deambulará por el continente africano, y después de una larga trayectoria será capaz de fabricar las primeras herramientas de piedra —cantos de piedra afilados en uno de sus lados— haciéndose merecedor del calificativo de homo habilis.


NOTAS


(3) Como lo demuestra la posición horizontal del agujero occipital que poseen los restos óseos del Australopithecus africanus, descubiertos en las canteras de caliza de Taung, por el anatomista Raymond Dart, en Africa del sur, a mediados de la década de los veinte.
Las huellas fosilizadas de aspecto humano de dos adultos y un niño, de la especie Australopithecus, impresas hace más de tres y medio millones de años, sobre una capa de ceniza volcánica en Laetoli, Africa oriental, descubierta por Mary Leakey en 1976, constituyen otro importante testimonio del bipedismo de nuestros ancestros.

(4) Raoul-Jean Moulin: Fuentes de la pintura, p. 7. Ediciones Aguilar, Madrid, 1968.


La capacidad de abstracción


Alrededor de 2 millones de años atrás, las presiones selectivas permitieron que se produjera una de las transformaciones más profundas experimentadas en la historia evolutiva de las especies: La encefalización (5), crecimiento y desarrollo del cerebro que transformará a homo habilis en una especie distinta, el homo erectus, nuestro ancestro directo de acuerdo con Christopher Stringer (6).

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El proceso de encefalización implicará el paulatino desarrollo de la capacidad de abstracción, siendo posible con el transcurrir del tiempo, ir reteniendo a voluntad las imágenes percibidas gracias a una mayor capacidad de memoria y de anticipación, pudiendo aislar la forma de los objetos del mundo circundante de su función práctica, trasladándola a un contexto muy diferente (Herbert Read: 49, 1972). El hombre fue desarrollando la capacidad de almacenar información, de reproducirla y proyectarla en ideas, asignando significado a fenómenos físicos, fue capaz de crear el símbolo (7). Esta facultad habría hecho posible “salvar el vacío existente entre sus (nuestras) experiencias aisladas y convertirlas en una experiencia continua de todo un grupo o aún de toda la humanidad” (Llagostera Martínez: 10, 1988). Nos encontramos en un momento del proceso evolutivo en que el hombre...

“...Es el único animal que deja testimonios o huellas detrás de él, pues es el único cuyas producciones -evocan su mente- una idea distinta de su existencia material.” (8) Desde la perspectiva de la historia del arte, es de vital importancia captar el proceso antes mencionado, ya que la diferenciación entre la especie humana y el resto, es simultánea de la actividad creadora, imaginaria; actividad inseparable del nacimiento de la cultura. Si para la paleontología la aparición del hombre estuviese unida a la aparición de la herramienta de piedra como resultado de un trabajo intencionado, podríamos decir que para la historia del arte, la aparición del hombre estaría unida a la actividad creadora que esa herramienta conllevaría y por supuesto a su significación estética. El sentido estético que libera a la herramienta de la pura funcionalidad de cortar, raspar o hacer incisiones, se revela pues, mucho más antiguo que las representaciones artísticas de Altamira, Lascaux o Niaux en el paleolítico superior; expresa ya una capacidad de abstracción y da a la herramienta un posible significado también en el plano artístico (Fiorenzo Facchini: 161, 1995).


NOTAS


(5) Una de las causas propuestas para explicar esta transformación, sería la creciente complejidad social en la que Homo erectus se desenvolvería. La actividad organizada de la caza, habría exigido una coordinación cada vez mayor, haciéndose necesario la utilización de un incipiente lenguaje. El acto de comerse la pieza cazada, habría exigido un comportamiento regulado por el grupo, basado en pautas culturales bastante más complejas que la de los restantes simios. La interacción social de Homo erectus se iría tornando cada vez más intensa, bastante más que Homo habilis, de quien se supone era más bien un carroñero. La intensidad de las relaciones con el grupo, obligaría a los individuos, a desarrollar una mayor capacidad de predicción del comportamiento del otro, que al mismo tiempo se hacía más imprevisible —una situación bastante estresante para quien careciera de la astucia necesaria. Además, el período de infancia de Homo erectus habría sido prolongado, más duradero que cualquiera de los simios actuales, este retardamiento del crecimiento es precisamente lo que le habría permitido a Homo erectus —y a nosotros por ende— ser capaz de asimilar, las cada vez más complejas “pautas culturales” de la vida en sociedad.

(6) Existen dos enfoques fundamentales respecto al origen de los humanos modernos. Uno es de la “Evolución Multirregional” defendida por Milford Wolpoff, partidario de la transformación evolutiva de Homo neandertalensis a Homo sapiens sapiens, en diferentes partes del mundo. Y otra, conocida con el nombre de: “A partir de Africa” , defendida por el paleoantropólogo Christopher Stringer. De acuerdo a esta postura, no descenderíamos directamente de Homo neandertalensis, ya que tanto este último como nosotros —Homo sapiens sapiens— descenderíamos de un ancestro común africano, posiblemente el Homo erectus. La postura de Stringer es actualmente la más reconocida, principalmente por los estudios de biología molecular, realizados en base a las variaciones del ADN Mitocondrial, en personas de Asia, Europa y Africa.

(7) Me es preciso destacar que los primeros testimonios documentados dejados por el Hombre, en distintas partes del mundo: Chou-Kou-Tien, China; Ngandon, Java, por citar algunas, corresponden al llamado “culto a los cráneos”; cráneos humanos fracturados que fueron depositados en grutas o abrigos rocosos, nos hace pensar en una actividad de culto. Aunque algunos paleoantropólogos (Kun Ho, Binford), niegan la intención humana en los depósitos craneales, atribuyéndolos a la actividad de animales que traían las cabezas humanas para comérselas dentro de aquellos abrigos, la similitud de las fracturas con las de los cráneos de los cazadores de Borneo, quienes hasta hace poco realizaban rituales, en los cuales extraían el cerebro del muerto, para luego comérselo y así apoderarse de su “potencia”, apuntan a considerar a Homo erectus, como alguien que ya tendría de su quehacer, una idea distinta de lo puramente material, transformándose de un simlple animal, en un animal simbólico, en un Homo simbólicus, alguien que no sólo experimenta el mundo, sino que lo “interpreta”, lo recuerda y lo imagina. Puedo imaginar a Homo erectus como alguien a quien cada impresión conmovedora (su experiencia con el fuego por ejemplo) se le presentaría como —de acuerdo a la terminología de M. Eliade— una hierofanía, es decir, una irrupción de lo sagrado en el mundo.

(8) Erwin Panofsky: El significado en las artes visuales, p. 20. Editorial Alianza. Madrid, 1979.


1.- INDUSTRIAS LÍTICAS EN EGIPTO


En el actual valle del Nilo, a pesar de no haberse encontrado restos humanos del período paleolítico, sí se han hallado vestigios líticos que se remontan hasta dos millones de años atrás, por lo que se hace factible reconstruir la prehistoria del arte egipcio, desde el paleolítico primitivo alrededor de unos 2 millones de años atrás, hasta el epipaleolítico alrededor de los 13 mil años antes del presente....

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Se han estado realizando desde la década de los setenta, bajo la dirección de Fernand Debono, investigaciones en los antiguos aluviones cuaternarias de la ribera occidental del nilo, frente a Luxor, en el alto Egipto. Esta zona se ha mostrado rica en yacimientos del paleolítico, donde se han encontrado desde las industrias líticas Olduvensse del paleolítico primitivo a las correspondientes con todas las fases conocidas en Europa, tales como la Achelense del paleolítico antiguo, Levaloyense del final de este período, musteriense del paleolítico medio, etc., pero con sus particularidades locales. Esto es bastante interesante porque nos muestra a la zona del valle del nilo y sus terrazas, como un lugar de tránsito por toda la línea evolutiva del hombre primitivo, hasta la aparición del homo sapiens sapiens.


Olduvense

De la industria olduvense se han encontrado en Egipto herramientas de piedra que no difieren en nada de los hallados en África oriental, reconociéndose además variantes locales de algunas guijas de puntas terminadas en bisel. La cultura de las guijas talladas sería la primera etapa en el trabajo de la piedra como herramienta de mano, elaborada por el homo habilis hace más de dos millones de años...

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en el África oriental y posiblemente unos pocos años después en el noreste africano. Según Nicholas Toth, quien ha estado reconstruyendo los métodos de la fabricación de las herramientas paleolíticas, homo habilis —a pesar de que no tendría en mente la forma resultante de sus herramientas— mostraría una importante coordinación de habilidades motoras y cognitivas, ya que para trabajar con eficacia estas guijas cortantes, habría tenido que elegir un canto con la forma correcta y mantener un ángulo específico al golpear la piedra, aplicando una fuerza calculada en el lugar exacto. Las guijas encontradas en Egipto, en la montaña tebana, presentarían no solamente tallas unidireccionales conocidas con el término “choppers”, sino también, tallas bidireccionales (chopping-tools) y multidireccionales alrededor de la superficie de sus caras. En la fase final del paleolítico primitivo, la industria lítica mostrará un avance en el tallado: el triedro. Esta nueva herramienta encontrada en depósitos en la localidad de Abbasieh presentará una punta robusta de sección mediana triangular, sobresaliendo del núcleo madre.

Achelense

De acuerdo con los testimonios paleontológicos, hace 2 millones de años, en África oriental aparecerá en escena una nueva especie: el homo erectus. Se supone evolucionó de su antepasado homo habilis, y que habría convivido por lo menos con seis especies de homínidos que a pesar de ser bípedas, serían distintivamente simiescas en muchos aspectos. Las características físicas...

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de homo erectus, dotado de un cerebro significativamente más grande (más de 900 centímetros cúbicos) que homo habilis, el rostro más plano, el cuello más largo, una constitución más atlética y de una estatura mayor (9), muestra que la prehistoria humana habría dado un giro fundamental en el proceso de su conformación. Es preciso destacar que fue homo erectus la primera especie humana en utilizar el fuego; la primera capaz de correr como lo hacemos nosotros hoy; la primera que extendió su límite de acción más allá de África y porqué no decirlo, la primera especie humana en desarrollar la sensibilidad estética, ya que habría descubierto la simetría en la fabricación de una herramienta con forma de almendra conocida como bifase, que hará de la industria achelense un verdadero hito para la historia del arte

(foto nº 1). Homo erectus elaborará desde este momento, instrumentos de sílex, retocándolo por ambos lados, expresando en la talla la forma simétrica. Por primera vez en la historia —después de haber pasado por estadios transitorios— el hombre va a crear; inventa la forma con anterioridad y además la talla no se limitará al filo, ahora se extenderá a toda las superficies, convirtiéndose el homo erectus de un simple tallador, en un auténtico escultor (Fernand Debono: 32, 1978).

La montaña tebana ha resultado rica en testimonios del paleolítico inferior. Bifases en sus diversas variantes tales como las trabajadas en destral, “Victoria West Technique”, “Sangoen” y la clásica bifase amigdaloide, esta última con la particularidad exclusivamente egipcia de estar retocada verticalmente sobre el filo..



NOTAS


(9) Como lo demuestran los restos óseos del “Niño de Turkana”, descubiertos en 1984 por Kamoya Kimeu y Richard Leakey, éste último, hijo del famoso matrimonio de Louis y Mary Leakey, quienes descubrieran los restos óseos del Australopithecus boisei en Olduvai, al norte de Tanzania, confirmando definitivamente al continente africano como la cuna de la humanidad.


Levaloyense

Hace un poco más de 200 mil años, coincidiendo con el final del paleolítico inferior, una nueva técnica hace su aparición. Esta nueva industria lítica se le ha convenido en llamar levaloyense de acuerdo a los primeros descubrimientos en Francia. En Egipto, en las tierras lejanas al valle del Nilo se han descubierto una gran variedad de piedras correspondientes a esta industria. Lascas de punta fina o hachas de mano, irán talladas en facetas, con la particularidad de dejar las caras lisas de la piedra a diferencia de la antigua bifase.

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Las puntas finas de las lascas levaloyenses irán fijadas a un astil de madera, mostrando la capacidad inventiva de los habitantes de esta época:
“El hombre prolongará el alcance y el poder de su brazo. En adelante ya no se defenderá con un arma de piedra sostenida en la mano; marca un dominio sobre el universo atacando desde lejos a su adversario y aumenta su capacidad defensiva y ofensiva. Gracias a este utensilio ligero, el hombre gana en movilidad y se desplaza más fácilmente” (10).


NOTAS


(10) Fernand Debono: La Prehistoria, p. 34. En, Los Faraónes. 3v. Dir. por Jean Leclant, I: 29 – 38. Editorial Aguilar, Madrid, 1978.

Yebel Suhán.

Al paleolítico medio que se inicia hace casi 200 mil años y que se cierra hace unos 50 mil años antes del presente, corresponde la industria denominada musteriense (por le mustier). Es poco probable que el creador de esta industria en Egipto sea homo neandertalensis, a pesar de que esta es la era de su aparición....

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Me inclino a pensar que mientras homo neandertalensis se desenvolvía en latitudes más al norte (Europa, medio oriente); en el continente africano se estaba produciendo una mutación evolutiva casi paralela —se calculan unos 150 mil años atrás—, que de acuerdo con el enfoque “a partir de África” (véase nota 7), homo sapiens sapiens habría hecho su aparición en la historia. Es bueno tener en cuenta que una industria lítica no necesariamente debe ser exclusiva de una especie determinada, y en el caso de la musteriense, tanto el homo neandertalensis como el homo sapiens sapiens en sus primeros tiempos estarían en condiciones de elaborar herramientas similares. En Egipto en particular se han encontrado núcleos de piedra jamás descubierto en otras partes del mundo (foto n° 2); se trata de un hacha de mano con forma de media luna en su parte superior, de la cual no se puede deducir claramente su función. Se encontraron en Yebel Suhán, en el alto Egipto y se puede hablar con propiedad de una industria del paleolítico medio egipcia identificada con esta herramienta. Hawariana.


En el paleolítico superior que se inicia hace unos 40 mil años, las regiones habitadas por tribus errantes del paleolítico medio comenzarán a ser abandonadas, los grupos humanos se instalarán en las últimas terrazas del valle del Nilo, cerca de los últimos puntos de agua (Fernand Debono: 35, 1978). Con el paleolítico superior se iniciarán las industrias de los utensilios laminares. La industria lítica denominada hawariana (de la localidad de El-Hawara), la más antigua de esta etapa, abarcará una extensión territorial bastante amplia —hasta el Abbasieh cerca de el Cairo. La industria hawariana se manifestará como un desarrollo del facetado del levaloyense de la época anterior, y aunque disminuirá notablemente de tamaño, multiplicará sus funciones: núcleos discoidales, puntas etc. La industria hawariana anticipará en sus núcleos que producen lascas y láminas, los núcleos para cortes laminares y de extremo liso de las etapas siguientes (Ibíd. : 36, 1978).

Jarguiana

El hombre amenazado por el avance del desierto se irá ubicando en las últimas terrazas del valle del Nilo. De África del norte, a través de la cirenaica, movimientos migratorios —los aterianos— se instalarán en los oasis occidentales paralelos al valle del Nilo, desde Siwa, al oeste del Fayum;...

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posteriormente, se ubicarán en el oasis de Dakla para después asentarse en el oasis de Jarga a ciento veinte km. de Luxor, de donde proviene la denominación de la industria lítica de los aterianos. Los aterianos luego se introducirán en el valle e incluso se han encontrado restos de la indutria ateriana o jarguiana en el Wadi Hammamat, en el desierto oriental. Se puede observar el influjo ateriano en las puntas de lanzas que mantienen el facetado del corte levaloyense pero con la adición de un pedúnculo saliente que permitía una mejor fijación al extremo de una lanza.

Industrias del epipaleolítico.

En la etapa final de paleolítico alrededor de unos 13 mil años atrás, los grupos humanos abandonarán definitivamente las últimas terrazas para ubicarse en las llanuras que rodean al valle; desde estos momentos se asentarán abajo de los acantilados que durante años fueron el suelo de su hábitat. En esta etapa es posible observar una evolución en la talla del sílex donde la laminilla dejará obsoleta a la lasca. ...

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La escena como tal, será el fundamento compositivo de esta nueva era y la dimensión de las representaciones tenderá a disminuir de tamaño. Las escenas aparecerán desde ahora sobre la superficie de los abrigos rocosos o definitivamente al aire libre, característica que contrasta con el arte franco-cantábrico del período anterior.

Es interesante destacar que la manera de representación de esta nueva era se orientará a un acentuado esquematismo y a destacar la sensación de movimiento, tanto del conjunto de una, escena como a las figuras aisladas. Esta característica de la representación humana principalmente, donde hombres y mujeres parecen estirarse de una forma exagerada podría deberse a lo que el historiador del arte Aloïs Riegl denominó con el calificativo de “háptica”, donde las actitudes artísticas son dictadas, no por la observación externa del mundo, sino, por las sensaciones internas. Las figuras humanas por ejemplo aparecerán alargadas en una escena de una danza ritual por ejemplo, no precisamente por que en los saltos de la danza se vean más largos, sino porque se sienten más largos. Es justamente esta expresión háptica, la que podría originar la característica dinámica del estilo compositivo antes mencionado.

Desde el punto de vista estilístico, el arte epipaleolítico (por ser una expresión de la conciencia humana) va a estar presente por toda la superficie de la tierra. En Chile por ejemplo, lo podremos ver en la zona norte, en el llamado estilo sierra de arica en la región de Tarapacá, donde las pictografías de Vilacaurani o Tangani que representan escenas de caza por rodeo, llamadas “Chacu”, poseen gran dinamismo, y los protagonistas de aquellas, tienen esa carga sensitiva, que puede ser calificada perfectamente como representaciones hápticas. En el arte levantino de la península ibérica, en Cogul, la hermosa escena de la danza ritual de las mujeres en torno a una figura masculina, o la impresionante imagen de la cueva de la araña, en Valencia, de un hombre recolectando miel, son una impresionante muestra de la representación del movimiento interno de los cuerpos. El norte de África es un verdadero tesoro en este aspecto, en Marruecos, a lo largo de la cordillera del atlas existen abundantes testimonios rupestres; una región especialmente rica en este estilo háptico es el Tassili-n-Ajjer, al sur de la actual Argelia cerca de la frontera con Libia, o el macizo de El-Hoggar, y en menor escala la zona del Tibesti, todos ellos en el interior del actual Sahara. Las escenas dibujadas aquí, nos confirman que el desierto más extenso del mundo, en aquellos tiempos fue un lugar habitado por hipopótamos, rinocerontes, jirafas, gacelas, ciervos, etc., que en la actualidad habitan mucho más al sur; en el otro sector de África, al sur de las fuentes del Nilo, en Tanzania, existe un rico legado iconográfico de representaciones antropomórficas, sumamente estilizados; en Egipto, en los oasis que rodean el valle del nilo se encuentran escenas de caza típicas de este exquisito estilo. En el oasis de Silwah en el alto Egipto se ve a un cazador que le dispara una flecha a un avestruz en plena carrera en una expresión de movimiento puro.

2.- LAS PRIMERAS REPRESENTACIONES VISUALES


No cabe duda alguna que el hombre, hace unos 100.000 años atrás, era un ser que atribuía a sus producciones materiales significados “distintos” de lo estrictamente utilitario. Los primeros humanos ya no podrán sobrevivir sin su mundo imaginario. El hombre ya no se bastará con satisfacer sus necesidades básicas, tales como la comida, el abrigo e inclusive el mundo afectivo. Su capacidad tecnológica, su sensibilidad estética o su expresión simbólica, serán su modo específico de desenvolverse en el mundo. El hombre desde ahora, solo podrá vivir, su única manera de existir será... “inventando el mundo”.


La pintura

Las primeras manifestaciones visuales nos llegan con seguridad de las sepulturas musterienses, y de los abrigos rocosos de la costa de África del Sur. Cerca de la ciudad del cabo, en Clasies, se ha conservado el ocre rojo sobre la superficie de las rocas de un abrigo de una antigüedad de 90.000 años; en blombos, cerca del lugar antes mencionado...

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se encontró un depósito del ocre en un abrigo que data una antigüedad de 100.000 años, demostrándose la importancia atribuida a este pigmento por parte de los primeros humanos, pigmento que lo guardaban en lugares especiales para ser utilizado en la coloración de las paredes rocosas, la pintura sobre huesos y posiblemente para pintura corporal. En vida habría usado quizás el ocre rojo, el carbón vegetal negro, el caolín blanco para pintarse su propio cuerpo en momentos importantes de su vida. El lenguaje de los colores se habría constituido en su recurso estético de expresión más significativa. El rojo simbolizaría la sangre, la vida misma; el negro la oscuridad, la caverna, la tierra fértil, la mater materia; el blanco que es el color de los huesos y de la palidez de la piel de un difunto, posiblemente evocaría la muerte. Con respecto al dibujo, a su lenguaje de las formas, habría trazado huellas en algunas superficies —líneas ilegibles para nosotros. En uno de los fragmentos de ocre descubiertos se puede observar un reticulado de líneas incisas de diagonales paralelas que se cruzan. Este simple pero valioso testimonio, nos habla de los primeros intentos del hombre en la composición de imágenes bidimensionales, mostrando que desde este momento la creación artística no será solamente una capacidad de la condición humana, sino más bien, de una exigencia de su propia naturaleza (Emmanuel Anati: 191, 1995).


“El arte prehistórico es esencialmente un arte de líneas, un arte de croquis. El dar un esbozo lineal de una imagen es ya hacer uso de una convención artística; es una etapa más allá de la percepción, un artificio que ayuda a retener la imagen en la mente; es de hecho, una imagen mnémica” (11).

NOTAS

(11)Herbert Read: Imagen e idea. La función del arte en el desarrollo de la conciencia humana. p. 23. Editorial F.C.E., 1972

El dibujo

Homo sapiens sapiens manejará definitivamente un lenguaje visual con capacidad de trasladar al plano las imágenes tridimensionales. Esto será todo un “descubrimiento visual por el arte” donde el artista logrará fijar imágenes nunca antes vistas de esa particular manera; habría creado un complejo código visual, de mayor trascendencia que la revolución perspectivista iniciada por los antiguos griegos a finales del siglo V a. C. Homo sapiens tendrá esa capacidad de expresar visualmente el mundo de una nueva manera: dibujando.

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Para trazar líneas sobre una superficie y que éstas en su mutua relación puedan configurar una imagen representativa, se hace necesaria la capacidad de otorgarle un significado a dicha relación de elementos lineales por medio de la facultad de abstracción (12). No basta con trazar líneas mutuamente relacionadas si es que a aquellas no se le asignan significados distintos de lo estrictamente material. Más que la posibilidad física de trazar un conjunto de líneas, puntos, círculos, etc., será nuestra facultad simbólica la que permitirá la creación de un lenguaje o código visual que se irá adaptando a las necesidades expresivas de cada época. En los orígenes del arte (entendida esta palabra en su acepción más amplia como “la forma del espíritu”) será la silueta y la estructura elemental de ésta, el principio de toda representación (13). El arte adquirirá todo su valor precisamente, no por ser una “réplica” del mundo, sino más bien, por el significado otorgado a aquella imagen esquemática surgida ya en el paleolítico superior (14). El dibujo en esta época será necesariamente no perspectivista, ya que el contenido espiritual que puede expresar la representación en perspectiva (15) —tan importante para el mundo griego y los hombres del renacimiento—, estará relacionado con una manera de ver el mundo demasiado diferente a la cosmovisión del hombre primevo. En el arte primevo no existirá el concepto de cuadro, el cuadro como recurso de expresión visual será algo tardío en la representación pictórica, un recurso innecesario para la concepción estética del espacio en los orígenes del arte.

Aunque los artistas de esta época tendrán la mayoría de las veces la doble tarea de competir y compartir con los accidentes e irregularidades del soporte —la irregularidad de la roca, superficie indefinida y accidentada—, cuya fuerza expresiva no era menor que el pictograma, pudiéndose constantemente inmiscuirse en él, el hombre del paleolítico no habría visto en todo esto, una limitación en la representación de su espacio estético, como sucederá con el surgimiento de las primeras civilizaciones, donde toda representación estará realizada sobre un soporte preparado de antemano, basados en la proyección vertical (16). La representación del espacio del arte primevo no estará regida por una limitante (una especie de marco) externa como puede serlo la concavidad de una roca. El límite de la representación espacial del hombre paleolítico estará regido por un “marco interno” presente en su propia conciencia. Tanto hacia los extremos (la inexistencia del marco) de la composición pictórica, como hacia la profundidad (la superposición de las imágenes), los límites compositivos parecerán inexistentes para quienes estén inconscientemente ligados al concepto de cuadro y a la proyección vertical (foto nº 4). Para el hombre paleolítico sus producciones visuales no tenían nada de caóticas, su sentido del orden aún se encontraba en el interior de su conciencia, no en el soporte —que es exterior— definido en abstracto.

“La concepción espacial del arte primevo es tal vez el rasgo más revelador de la concepción de la unidad del mundo (la cursiva es mía): un mundo de interrelación ininterrumpida, donde todo está asociado, donde lo sagrado es inseparable de lo profano... la concepción espacial del arte primevo es siempre la misma. No es un caos. Más bien se asemeja al orden de las estrellas, que a lo largo y a lo ancho del espacio infinito despliegan sus relaciones libres y universales” (17).


NOTAS

(12)Los loros comparten con nosotros la facultad de articular una gama sumamente variada de sonidos, al punto que son capaces de pronunciar las mismas palabras que nosotros, algo que para cualquier perro, gato o caballo, le resulta imposible. Sin embargo lo que nos diferencia de los loros, es precisamente esa capacidad de asignarle “significado” al conjunto de fonemas que conforman una

(13) La silueta y su contorno resultan ser un elemento constante de la forma. Si pensamos en un caballo por ejemplo y lo observamos durante un tiempo, veremos, a pesar de los movimientos que pueda éste realizar, una estructura constante, aunque dificil de describir. Si tuviésemos que elegir el punto de vista más característico de aquel caballo, probablemente escogeríamos una vista lateral. Ahora, imaginemos ese caballo lateralmente, trotando en un campo, y en el plano posterior, una diversidad de árboles, otros animales, algunas casas, etc.; podremos notar que existe una forma permanente, por oposición a las cambiantes formas y colores del plano posterior. Esa forma permanente que vemos de aquel caballo, en contraste con el fondo, es su silueta y los límites de aquella, su contorno.

(14) Aunque esté claro que vemos por los ojos, no es tan evidente que vemos con la mente. Esto supone que la visión es de naturaleza estructural, es decir, que mirar es “generalizar” lo observado. No todos los detalles ópticos que quedan en la retina, son registrados por la mente como en una proyección fotográfica. Las llamadas “invariantes perceptuales”, constituyen la manera en que logramos retener una imagen fija, dentro de un mundo en constante cambio, única forma de no sucumbir al caos visual que experimentaríamos en cada instante, ya que tanto el ojo en movimiento, el objeto observado o ambos a la vez, nos impedirían obtener una imagen clara del mundo circundante. Es por lo anteriormente dicho, que en los orígenes de la creación de imágenes, el dibujo infantil tiene tanta relación con el arte primitivo, ya que lo que prima en toda representación visual, es la estructura de la cosa, y no su apariencia, es decir, no son sus cambios ópticos los que más interesan en el acto mismo de la representación.

(15) Nuestros ojos están tan acostumbrados a la representación en perspectiva (los diarios, el cine etc.) que a menudo se tiende a pensar que el dibujar, el “dibujar bien”, es cuando se ha logrado provocar la ilusión de ver en lo representado algo similar a como lo veríamos en el mundo tridimensional. La representación naturalista es un código visual más entre muchos, que se basa en una combinación de colores distribuidos en una superficie bidimensional, por medio de la cual, experimentamos una ilusión de experiencia visual, como la que tenemos en el mundo tridimensional.

(16) En la “proyección vertical”, todas las representaciones se organizan en relación con el ángulo recto.

(17) Sigfried Giedion: El presente eterno: los comienzos del arte. pp. 31 y 599. Alianza Editorial, Madrid, 1981

Los temas

Los aspectos temáticos del arte paleolítico estarán en estrecha relación con su mundo experiencial: la caza y las acciones de los grandes animales concebidos como “totem” y por otra parte, la experiencia de las mujeres recolectoras de alimento plasmada en la imagen esteatopigea (llamadas Venus) de la diosa madre, concebida como “mana”, de naturaleza vegetal, como energía mágica subyacente en el propio fenómeno

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del totemismo animal (Andrés Ortiz-Osés: 81, 1998). Estas dos experiencias de mayor vitalidad quedarían registradas en la conciencia del hombre y de la mujer del paleolítico. Esta situación se verá reflejada en sus representaciones artísticas en todo el mundo, donde los grandes animales serán representados en toda su fuerza vital, en toda su acción trascendente, y la diosa madre aparecerá en toda su potencia fertilizante, como dadora de vida, engendradora por excelencia. En Lascaux por ejemplo, el toro es mostrado en toda su potencia, la yegua se ha representado preñada, minimizando sus extremidades para destacar la redondez de su cuerpo. El animal (totem) y la diosa madre (“Mana”) penetrarán la conciencia humana, convirtiéndose en los arquetipos durante todo el paleolítico.

Cronología

Desde el punto visto cronológico, las manifestaciones artísticas catalogadas, como las más antiguas, fechadas por medio del carbono 14, se encuentran en el África oriental, en Nnamibia y Tanzania. Allí se han descubierto pinturas rupestres y plaquetas pintadas de una antigüedad de 40.000 años...

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En el África del norte los testimonios más antiguos se encuentran en Libia y en los oasis occidentales de Egipto, que datarían del final del pleistoceno, aproximadamente 12.000 años atrás. En medio oriente los testimonios más antiguos pertenecen a la zona de Arabia central, en Dahathami. En Asia, en los alrededores del lago Baikal en Siberia, las pinturas rupestres datarían 32.000 años. En la india, en Bhimbekta, cerca de Bhopal en el estado de Madhia Pradesh, se remontarían unos 25.000 años. En Australia, las obras de arte figurativo más lejanas en el tiempo se han encontrado en la zona norte de Australia. El antecedente de la ocupación temprana del Homo sapiens sapiens en Australia (alrededor de 60.000 años atrás) y la representación del palaquestes, un marsupial gigante extinto hace unos 50.000 años, nos llevan a considerar estas representaciones pictóricas, como las más antiguas del mundo. En América, Brasil, la datación más antigua es de 17.000 años en el estado de Piuni, y en Europa las más famosas pinturas rupestres de la zona franco-cantábrica: el castillo, Altamira, Pech Merle, Niaux, Lascaux, etc., pertenecerían al solutreo-magdaleniense, 17.000 a 11.000 años atrás.

De acuerdo con los testimonios presentados más arriba ¿se podrá entonces hablar de una temática del paleolítico? Lo importante de todas estas representaciones es que mostrarán según Emmanuel Anati:

“...Una tipología limitada de variantes. Nos parece por ello justificado hablar de un único lenguaje de asociaciones y también un estilo que, en lo fundamental tiene sólo una gama visual y de un simbolismo universal que constituyen la sustancia mental, el espíritu del homo sapiens, cuyas huellas marcan la superficie rocosa de todos los continentes” (18).


NOTAS

(18) Emmanuel Anati: Simbolización, pensamiento conceptual y ritualismo del Homo sapiens. En, Tratado de Antropología de lo Sagrado, Tomo I, p. 196, Dir. por Julien Ries. Editorial Trotta, Barcelona, 1995.

Arte epipaleolítico

El final del paleolítico (epipaleolítico), el arte de los cazadores del post-glaciar mostrará un aspecto claramente distintivo desde el punto de vista temático, ya que en este período va a ser representada con frecuencia la figura humana —el hombre casi no es representado en la temática del paleolítico— y con ella una gama más variada de escenas que van a poseer una composición dinámica...

Industrias del epipaleolítico.

En la etapa final de paleolítico alrededor de unos 13 mil años atrás, los grupos humanos abandonarán definitivamente las últimas terrazas para ubicarse en las llanuras que rodean al valle; desde estos momentos se asentarán abajo de los acantilados que durante años fueron el suelo de su hábitat. En esta etapa es posible observar una evolución en la talla del sílex donde la laminilla dejará obsoleta a la lasca. ...

♦ ARTE NEOLITICO


El neolítico es la era de la “piedra pulida” por oposición a la era anterior (el paleolítico), que debe su nombre al trabajo de la piedra sin pulimentar. Esta nueva manufactura de las herramientas y utensilios tendrá gran importancia desde el punto de vista artístico, ya que las superficies lisas, incluyendo la cerámica, influirán en una nueva concepción del espacio pictórico, y la destreza mayor del artesano, en su relación cada vez más estrecha con sus materiales, irá estimulando el desarrollo de su conciencia plástica en tanto que “creador”.


La sedentarización

Entre el 10.000 y el 6.000 a. C. Se van configurando las características esenciales de la neolitización, se tratará de un proceso progresivo de sedentarización en aglomeraciones de viviendas edificadas cada vez más concentradas, que de acuerdo con la hipótesis de Jacques Cauvin, conllevaría a la creación de aldeas agrícolas...

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que a su vez serán la base de la civilización urbana. La sedentarización de las sociedades de cazadores y pastores tuvo su primer foco de irradiación en Judea occidental, alrededor del 10.000 a. C., difundiéndose por contigüidad y migraciones durante los dos milenios siguientes hacia el medio Eufrates y el delta del Nilo. En el octavo milenio a. C. En el valle del jordán (Jericó, Netiv Hagdud), el medio Eufrates (Mureybet) y Anatolia (Chatal Hüyük), se constituirán las primeras aglomeraciones urbanas y sus correspondientes centros agrícolas, foco que ya en el vi milenio a. C. Se irradiará más allá de las fronteras del próximo oriente.

El proceso de neolitización en el valle del Nilo

El cambio climático que experimentará la tierra hace unos 12.000 años atrás, producto del cese de una era glaciar conocida como pleistoceno, hará que los habitantes del planeta busquen nuevas formas de subsistencia, ya que la fauna y la vegetación de esta nueva era —que vivimos actualmente— conocida como holoceno, ya no serán las mismas que las del período anterior

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El aumento progresivo de las temperaturas provocará la fusión de las masas de hielo, las cuales irían aumentando el nivel del mar de manera constante, haciendo intransitable algunas zonas que antaño sirvieron de rutas de paso a los antiguos cazadores recolectores. Al mismo tiempo, zonas antiguamente cubiertas de hielo —Europa central por ejemplo— comenzarán a ser habitadas, estimulando el asentamiento humano. En África por el contrario, la desecación en su latitud norte provocaría la escasez de alimentos y la emigración de grupos de animales en busca de mejores tierras. Algunos grupos, forzados por este nuevo paisaje, se fueron concentrando en pequeños oasis; otros bajaron de las terrazas aluviales formadas en el paleolítico para asentarse definitivamente en el valle del nilo. El nilo recién se estaba configurando como una consecuencia de los deshielos de las nieves de las montañas de Etiopía por un lado, y las precipitaciones en la selva africana por el otro —estas últimas debidas al aumento general de la humedad ambiental. Posteriormente alrededor del VII y VI milenio a.c. se produjo otro período de desertización, obligando a los últimos habitantes marginales del nilo a ocupar definitivamente el valle. Los antiguos cazadores de las llanuras, ya sean del desierto líbico u oriental, se transformaron en ganaderos, agricultores y pescadores, apareciendo ya en el vi y v milenio a.c. los primeros grupos de cultura neolítica (Stephan Seidlmayer: 10, 1997).

En el valle mismo, en contraste con las zonas antes mencionadas, no encontramos las impresionantes pinturas rupestres representando jirafas o elefantes de gran formato. Estas han sobrevivido solo en las zonas aledañas al Nilo, en los Wadis, es decir, en causes hoy día secos que en aquella época constituían valles semifértiles de vertientes estacionarias. Es el caso del Wadi El-Atnawi en el hoy desierto oriental, o el oasis de Sihua, en el desierto Iíbico, al occidente. Sí, poseemos en cambio, éstas mismas representaciones a escala pequeña, ya sea en objetos de tocador, esculpidos en piedras duras o pintados sobre la superficie de jarrones funerarios. Con el transcurso del tiempo, la iconografía dominante la irán constituyendo animales tales como los burros, bóvidos, canes, ciervos, caprinos, íbices, cigüeñas, peces y tortugas principalmente; ¿el formato? Pequeño.

Como lo apuntado anteriormente, referirse al período neolítico es sinónimo de asentamiento, sedentarismo, donde la expresión plástica se irá enriqueciendo gracias a la multiplicidad de soportes utilizados de acuerdo con la nueva forma de vida, tales como las vasijas de piedra (basalto, diorita, serpentina, brecha, grauvaca) o arcilla, textiles, cestería, objetos de tocador, etc. Con respecto a esto, me permito citar a los escultores chilenos Mario Irarrázabal y Gaspar Galaz, quienes son de la opinión de que la multiplicación de los materiales en tanto que soportes plásticos, será para el primero “...una manera de pensar las cosas y de expresase distinto” y para el segundo “... una verdadera revolución en las temáticas”.

1.- UNA NUEVA REPRESENTACIÓN VISUAL


Desde el punto de vista compositivo, el neolítico aportará una nueva dimensión en la concepción del espacio pictórico. A diferencia del tratamiento de las superficies en el paleolítico, que como dije más arriba, el artista tenía la doble tarea de competir / compartir con las irregularidades de la roca...

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Con el uso de nuevos soportes, como las vasijas de cerámica por ejemplo, o la pared de barro de una vivienda, el artista neolítico se relacionará cada vez más con superficies preparadas de antemano, superficies lisas y delimitadas, que conllevarán una manera distinta de composición pictórica. Los elementos decorativos adquirirán su máxima preponderancia al aislar o descontextualizar las imágenes contenidas en la multiplicidad de soportes generalmente utilitarios, que son esencialmente finitos y cerrados, completamente distintos a la superficie indeterminada e irregular de la roca, utilizada por el artista del paleolítico. En la representación pictórica neolítica ya no se verá la importante y recurrente superposición de las imágenes, parece que el soporte preparado de antemano estimularía al dibujante de esta época a un sentido del orden diferente, donde la clara distinción entre el fondo y el dibujo adquiriría un importante valor. A diferencia de la época anterior, el sentido del orden emergería de la interioridad para plasmarse en lo externo, en la superficie misma del soporte.

“El espacio liso y preparado es la invención de una época posterior de la humanidad. Es algo que acompaña al desarrollo y perfección de instrumentos pulimentados del neolítico y la edad de bronce y a la invención de la cerámica y arquitectura con hiladas de albañilería organizada. Puede que el desarrollo de todo esto se deba al uso de estos artefactos como objetos que portan su signo. La imaginación inventiva reconoció su valor como soportes, y con el tiempo le otorgó a las pinturas y escrituras realizadas sobre soportes lisos y simétricos una regularidad de dirección, espacio y agrupamiento correspondiente, armonizando con la forma del objeto y con el ornamento asociado de las partes colindantes. A través de lo cerrado y liso de la superficie preparada del cuadro, a menudo con un color distinto del fondo reservado, la imagen adquiriría un espacio propio y definitivo en contraste con las pinturas y relieves murales de la prehistoria; estas tenían que competir con los accidentes e irregularidades de un soporte cuya articulación no era menor que la del signo y que podía inmiscuirse en él. La innovación de una superficie lisa y cerrada hizo posible la transparencia posterior del plano pictórico sin el cual la representación del espacio tridimensional no habría sido posible” (19).


NOTAS

(19)Meyer Shapiro: Sobre algunos problemas de la semiótica del arte visual; espacio y vehículos de las imágenes-signos (1969). En, Estilo, artista y sociedad. p. 26. Editorial Tecnos, Madrid, 1999

La imagen geométrica

Wilhelm Worringer —y la tendencia general de la teoría del arte alemana de su época — sostuvo que el neolítico supuso una contracción de la sensibilidad estética, debido a que la forma vital y orgánica del período anterior, había dado paso a una forma geométrica que él interpretó como mecánica, una forma de naturaleza constructiva en vez de creativa....

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Herbert Read, —quien se reconoció su discípulo— por el contrario, era de la opinión de que el lenguaje de las formas del período neolítico implicó necesariamente una ampliación de la conciencia estética, donde las composiciones y dibujos supusieron procesos mentales que serán inventivos y comparativos, donde las imágenes serán reunidas, ordenadas, invertidas y colocadas en posición dentro de un marco coherente. La imagen ya no será solamente conservada en toda su realidad, sino más bien, “transformada” (Herbert Read: 46 y ss., 1972). La vitalidad del período paleolítico dará paso a una nueva y esotérica forma de las cosas, donde esta peculiar forma que caracterizará al período neolítico no podrá expresarse de mejor manera que como imagen geométrica.

Con la geometrización de las formas, la intención no será precisamente anular el poder de la imagen vital del paleolítico, más bien se tratará de dominarlo; obligarlo a someter su ascendiente físico bajo el poder de una voluntad creadora, al impulso humano de manipular y remodelar su mundo (max raphael: 76, 1947). En el libro titulado la cerámica y la civilización prehistórica en Egipto, el autor mencionado propone siete elementos constitutivos de la geometría neolítica:

“La síntesis, que refleja la voluntad de crear una unidad visual a partir de una multiplicidad de elementos; la simplicidad que indica la voluntad de construir estructuras complejas con unos cuantos elementos; la necesidad formal, que deriva de la voluntad tanto de representar como de ocultar un contenido en un signo adecuado; el aislamiento, que surge de la voluntad del artista de elevarse sobre todo contenido de los mundos interno y externo, tanto de las emociones sensibles como de los objetos físicos; la definición, que indica la voluntad de representar los contrastes eternos en una forma evidente por sí misma; la energía, que expresa la voluntad de dominar por la magia lo que trasciende los poderes físicos del hombre, aún la vida misma; y, finalmente, la conexión de contenido y significado con dos mundos, el de la vida y el de la muerte (20)”.

La geometrización neolítica será un tipo de lenguaje simbólico que requerirá una especial sensibilidad, siendo el motor de esta contención de la forma, la tensión psicológica creada tanto de representar como de ocultar un contenido en un signo adecuado (Ibíd.). El artista del neolítico en su contacto con las técnicas de la cestería, el textil y por qué no decirlo, con la subdivisión geometrizante de las tierras cultivadas, debió experimentar una transformación en su valoración de las formas, posiblemente habría descubierto en las nuevas formas geométricas la expresión de una nueva realidad del mundo, una especie de percepción de la esencia de las cosas como revelación geométrica.

De los principios citados que Max Raphael describe como constituyentes del neolítico, me permito rescatar los primeros tres (síntesis, simplicidad y necesidad formal), ya que los restantes cuatro no los considero exclusivos de esta nueva etapa. Si es que existe algún otro recurso estético que merece destacarse para hablar quizás de un nuevo principio, habría que referirse al “ritmo”. El ritmo es el elemento de mayor vitalidad en la configuración de los motivos neolíticos. La simplicidad de las formas abstractas y esquemáticas por un lado, y las superficies coloreadas de manera regular por otro, se enriquecerán con la repetición alternada de los motivos en relaciones cada vez más complejas (21).


NOTAS

(20)Max Raphael: Prehistoric Pottery and Civilization in Egypt, Bollingen Series VIII, Nueva York, Pantheon, 1947, p. 76. Citado por Herbert Read, en Imagen e idea. p. 56. Editorial F.C.E. México, 1972

(21) Así, a una figura plana de color rojo por ejemplo, se le opondrá una línea en relieve monocroma; o en una cenefa decorativa, la composición de las líneas en una determinada dirección, tenderán a contrarrestarse a sí mismas, configurando arabescos o grecas, pero siempre en una secuencia equivalente, es decir, rítmicamente.

Una topomorfología.


Si bien la geometrización de las formas resultó ser de carácter universal para el neolítico, es preciso complementar esta gran generalidad con una acentuación en sus aspectos de especificidad iconográfica, la cual se irá constituyendo de acuerdo con la localidad del asentamiento agrícola. La sedentarización será al mismo tiempo un aislamiento cultural, una diferenciación de los motivos, una topo-morfología.

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El “estilo”, en su acepción diferenciadora, se intensificará en un lugar, al punto que se podrá hablar —tomando como ejemplo la iconografía sobre cerámica— de estilo de Susa, perteneciente a la zona elamita, del IV milenio a.c. en oriente medio; de estilo Nagada, en Egipto de la misma época; o un ejemplo más cercano de un período posterior pero de una “voluntad artística” semejante, me refiero al estilo diaguita del norte verde en Chile. Es precisamente a esto cuando me refiero a una topo-morfología del neolítico.

Dentro de este marco, me es preciso describir las características diferenciadoras de los diversos estilos que se produjeron a lo largo del valle del nilo en un período que va desde el vi milenio a.c. a los inicios de la época histórica.

2- CULTURAS NEOLÍTICAS Y ESTILOS ARTÍSTICOS DEL VALLE DEL NILO


En el valle del nilo se desarrollaron por lo menos cuatro culturas bien diferenciadas estilísticamente, dividiéndose la última de ellas (Nagada) en tres fases sucesivas. Es importante recalcar que la neolitización de las sociedades que vivieron alrededor del nilo, ...

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no se circunscribió exclusivamente al territorio actual de Egipto. Se trata de un proceso que abarca también los territorios del actual Sudán hacia el sur y la zona de la franja mediterránea por el norte. En este caso, mi descripción la voy a limitar a las tierras de lo que los antiguos egipcios denominaron el alto y el bajo Egipto, es decir, desde la primera catarata hasta el delta del nilo, territorio que constituiría seis mil años más adelante, el futuro estado faraónico en el imperio antiguo.

Merimde.

Los restos más antiguos corresponden a la localidad de Merimde, entre el VI y el V milenio a. C. En el bajo Egipto, a 50 km. Al noroeste del cairo. La primera fase del “estilo Merimde” corresponde al trabajo de cerámica alisada o pulida de un color que oscila del rojo oscuro al púrpura, con iconografía incisa en forma de espina de pescado posiblemente relacionadas con oriente medio. ..

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En la segunda fase (en el V milenio) existe una estrecha relación con las culturas del Sudán. Una cabeza (foto nº 5) modelada en arcilla de un ídolo antropomorfo —la más antigua del continente africano que se conozca— del porte de un puño, la cual debió de ir montada sobre un cetro, posee rasgos distintivos de su estilo: ojos redondeados, nariz excesivamente puntiaguda y muy corta, una distancia considerable entre ésta y la boca. Por último presenta perforaciones en la zona del cráneo, las mejillas y la pera, por donde habría salido el cabello y la barba hecha de pelo humano, como algunas máscaras tribales de épocas recientes... Un estilo muy africano.

Badari.

En términos cronológicos, al estilo Merimde le sucederá el “estilo badariense”, nombre derivado de la localidad de Badari en el Egipto medio, de mediados del V a principios del IV milenio a.c. en la cerámica se observa un trabajo de pulimento más desarrollado que en la etapa anterior, aquí el color es rojo o marrón

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distinguiéndose por una visible banda negra en los bordes. Pero la característica más diferenciada del badariense será el estriado de toda la superficie, tanto exterior como interior, de recipientes con fondo circular plano, lo que demuestra los contactos intensos con las culturas del Sudán. El tallado en marfil nos muestra una abundante representación del hipopótamo y también de la “diosa blanca” (22) (foto n° 6), diosa de la muerte, diferenciándose el estilo badariense del resto en la representación de los rasgos del rostro. Los ojos son muy grandes y elípticos, demasiado expresivos, como si estuvieran en estado de trance, la nariz, muy diferente a la de la cabeza de Merimde, es larga y ancha, muy redondeada, tan ancha como la boca. El estilo badariense a pesar de apegarse a un esquema geométrico, conserva algo de las representaciones en marfil del “naturalismo” paleolítico.
De los objetos corporales hay que destacar los collares de cuentas de turquesa, que aparte de reflejar un gran refinamiento estético —sin pretender negar su carga mágica— es interesante constatar el alcance comercial en este período, ya que las minas de esta piedra se encuentran en el Sinaí, a una gran distancia de El-Badari.


NOTAS


(22) Las características morfológicas de esta divinidad femenina, según Marija Gimbutas, es su color banco, porque “la muerte es contemplada como una forma ósea blanca” (M. Gimbutas. 1997), por eso se tallará en hueso, en arcilla de color claro, alabastro, etc. La postura, generalmente es rígida y con las manos extendidas a los lados

Maadi.


Los dos primeros tercios del IV milenio a.c. estarán representados por el horizonte arqueológico de la localidad de Maadi en el punto de bifurcación del delta no muy distante de Merimde, mencionado más arriba. El radio de influencia cultural de Maadi abarcará grandes...

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distancias, debido a los intensos intercambios comerciales con el sur de Palestina y el medio oriente y hacia el norte con la localidad de Buto, la cual se corresponde cronológicamente con esta cultura. Hacia el sur se encuentran correspondencias de estilo con las culturas del alto Egipto, como es el caso de las paletas de cosméticos importadas desde allí. Un aspecto de importancia desde el punto de vista de los materiales y la técnica, es la utilización del cobre nativo en objetos que antes fueron de materiales óseos (agujas, anzuelos y hachas). El “estilo Maadi” se nos presenta —al igual que en los estilos precedentes— con la mayor claridad en las formas cerámicas. Las vasijas con forma de tonel sin decoración, un pie añadido en la base y su boca vuelta hacia el exterior constituyen las características esenciales del estilo en cuestión.

La última fase del neolítico egipcio, durante el IV milenio a.c., pertenecerá a la cultura Nagada (localidad situada entre Dendera y Luxor, en el alto Egipto). Sus vestigios se han encontrado a lo largo de todo el valle, lo que muestra el alcance e influencia del “estilo Nagada” por encima de las culturas anteriores. Nagada será una época de transformación vertiginosa que iría desplazando a la cultura badariense en un proceso de superposición progresiva (Stephan Seidlmayer: 18, 1997). En Nagada ha quedado atrás la producción doméstica, siendo reemplazada por especialistas que trabajan en talleres organizados. Existe un dominio en las técnicas del horneado en la cerámica, el trabajo de los metales, elaboración de pastas vítreas, y el pulimento con gran maestría de las piedras duras, tales como el granito. El importante avance cultural de los períodos de Nagada consistirá en una progresiva habilidad para trabajar la piedra (Paul Johnson: 21, 1999).

Nagada I.

La cultura Nagada se suele dividir en tres fases (Nagada I, II y III), siendo la primera denominada amratiense (Nagada I), nombre derivado de la localidad de El-Amra, en Abidos, desarrollándose en forma paralela a la cultura de Badari...

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en el Egipto Medio a principios del IV milenio a. C. En esta fase es característico el trabajo de vasijas de cerámica roja pulida de fondo plano. Sus formas podían ser alargadas, en forma de tonel, de cono invertido e incluso vasos unidos o dobles, únicas en su género. En una primera etapa, esta cerámica carecerá de elementos decorativos. Serán característicos los vasos denominados de “Boca Negra” debido a que la técnica empleada para estas primeras vasijas una vez terminada la primera cocción (el bizcocho), consistirá en invertir los vasos, poniendo su boca en las brazas ardiendo, cuya lenta combustión, a falta de oxígeno, provocaría su carbonización, adquiriendo así, un color negro en la boca de la vasija (foto nº 7). Posteriormente se aplicarán diseños geométricos representando símbolos vegetales estilizados de líneas de color crema sobre una superficie rojiza, este color que caracterizó a la alfarería de Nagada I se debió al alto contenido de hematita en la arcilla utilizada. Posteriormente, la decoración se tornará figurativa, siendo la iconografía dominante, figuras antropomorfas en movimiento —danzas rituales posiblemente—, o animales como el hipopótamo y el cocodrilo, estos últimos, característicos hoy de la fauna en la región del Sudán. (Es preciso tener en cuenta que las condiciones climáticas durante el cuarto milenio a.c. no fueron como en el presente, ni siquiera como fueron durante el tercer milenio a.c. en los comienzos del período histórico. Desde el punto de vista formal es posible afirmar que el estilo Nagada I será esencialmente geometrizante y estilizado, aspecto que se reflejará en el dominio de la escultura y los motivos sobre cerámica. Las figuras de los “ídolos barbudos” (foto nº 8) serán una indudable expresión de la abstracción geométrica en tres dimensiones: sus cuerpos sintetizados en rectángulos, sus cabezas redondeadas, su rostro alargado, los ojos y la nariz representados por líneas simples, y sus barbas absolutamente cónicas. La iconografía sobre cerámica será la más clara expresión del dibujo, del dibujo absoluto. Basta con admirar una copa (foto nº 9) en la cual se ha representado un hipopótamo por medio de líneas quebradas en una abstracción geométrica impresionante; alrededor del interior del recipiente se ha dibujado en líneas zigzagueantes paralelas un ambiente acuático, donde la forma de representar el agua en este recipiente perdurará durante todo el período histórico. Nagada I se puede admirar por la utilización sumamente expresiva del contorno. En esta etapa se podrá observar el inicio de una nueva conciencia en el uso de los elementos formales, ya que la repetición constante de un motivo idéntico, se orientará ahora, a una organización formal en pos de una intención plástica. Dicho de otra manera; sería en Nagada I cuando se habría consolidado una voluntad compositiva clara e indiscutible.

En una escena —pintada sobre una vasija— que representa posiblemente un ritual, aparecen dos grandes figuras con estuche fálico y tocados vegetales sobre la cabeza (foto nº 10); entre estas grandes figuras antropomorfas se han representado hombres más pequeños, donde cuatro de ellos parecen estar atados del cuello y en dirección a una de las figuras mayores. Esta escena en particular, anticiparía un tema tan representado en el período histórico, conocido como “el sometimiento de los enemigos” —y con ello la aniquilación de toda situación caótica. Esta disposición de las figuras podría considerarse como la intención de expresar el poder simbólicamente, escogiendo para ello una distribución ideal de los elementos componentes en la escena. Aquí no se recurrió a la mera colocación aditiva de las figuras en un plano, sino más bien, una distribución tal, que la imagen destacada quedara en el centro de la escena, equilibrándose en una relación de las partes, a través del uso consciente de la primera forma compositiva que la humanidad descubriese: la simetría (23) (Herbert Read: 59, 1972).


NOTAS

(23)Herbert Read sostuvo que fue en el Neolítico cuando la humanidad tuvo por primera vez conciencia de la simetría y no en el paleolítico antiguo, con la invención de la bifase como se suele pensar. Read dirá en su libro Imagen e idea: “...hay una diferencia entre la conciencia de la simetría y el uso consciente de la simetría” (p. 60). Este punto es discutible debido a que no se tiene plena certeza, de si los dos cantos afilados de la bifase obedecieron a la pura necesidad técnica o como sostienen algunos —Fiorenzo Facchini por ejemplo— que uno de los dos cantos de la bifase careció de toda utilidad, y por tanto habría sido resultado de la pura sensibilidad estética. Si este último fuese el caso, nuestro antepasado, Homo erectus, habría sido el primero en tener conciencia de la simetría; pero es irrefutable que fue —como sostiene Herbert Read— en el Neolítico cuando la simetría se transformó en una manera consciente de la composición, y a diferencia del paleolítico, se tornó reiterativa.


Nagada II.

A partir de la mitad del IV milenio a.c. se inicia una nueva fase denominada gerzeense, (Nagada II) denominada así por la localidad de El-Gerzee cerca de Meidum, ubicada en la misma latitud de la zona del Fayum...

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La innovación más importante será la introducción de productos cerámicos elaborados con arcillas de otro origen geológico, alojadas en los estratos calcáreos de las colinas adyacentes al Nilo, conocida por “cerámica de Marga”. Esta habría requerido un tratamiento más depurado que haría posible elaborar cerámica de alta calidad, más dura y compacta que el de la fase precedente. Las formas de estas vasijas serán la ovoidal o esférica de diámetro exagerado. Debido a los componentes de esta cerámica las vasijas presentarán un color ocre y por lo mismo los dibujos se realizarán en un tono rojizo oscuro a base de óxido de hierro. Nagada II se presentará entonces en lo que al uso del color se refiere como opuesta a la cerámica roja con líneas crema de Nagada I (fotos nº 9 y 10) aunque el tránsito de la cultura de Nagada II representará más bien un desarrollo de las innovaciones de la época anterior que una ruptura con el pasado (Francesco Tiradritti: 13, 2000). La tendencia geometrizante del dibujo de Nagada I, se tornará un tanto más orgánica y el interior de las figuras no permitirá ver el color de fondo, aspecto contrastante con relación al estilo anterior, en el que sólo se delineó el contorno. La iconografía predominante serán las montañas del valle, el agua del nilo, los flamencos, las gacelas, los íbices o algunas plantas como el aloe. En todo ello se podrá reconocer la mímesis del entorno natural por medio de esquemas basados en convenciones prefijadas (Ibíd. : 12, 2000). Pero la figura más representativa de la cerámica de marga será sin duda, la barca —la mayoría de las veces tripulada— de varios remos, símbolo de dominio de la cultura de Nagada que tendrá un radio de influencia a lo largo de todo el Nilo. Este elemento iconográfico va a perdurar a lo largo de toda la historia del Egipto faraónico, convirtiéndose en un símbolo sumamente representativo de la imaginería religiosa en esta cultura.

Es interesante observar los aspectos compositivos de Nagada II, ya que las montañas o el agua se disponen en el espacio (la superficie de la vasija) con un estricto “sentido del orden” y en un caso excepcional, el dibujante ha trazado la primera línea de base registrada en el arte egipcio, sobre la cual se ha dibujado una secuencia de cuatro antílopes. Este importante aspecto compositivo debió haber surgido de la imaginación —tal vez evocado por la forma rectangular de la vasija—, siendo así “el primero de los “registros”, cuya importancia en el arte dinástico es conocida” (Lise Manniche: 37, 1997). Cabe destacar que la cerámica no fue la única superficie disponible para la representación pictórica; una nueva técnica y una paleta de colores enrriquecida (blanco, rojo y ahora negro), harán del lino un soporte privilegiado.



Con la fase final de este período se dará inicio al arte monumental, donde por vez primera la pintura se trasladará de la superficie de las vasijas y textiles a la pared; superficie que a diferencia del paleolítico se encuentra preparada de antemano de la misma forma que con la superficie de una vasija cerámica. La pintura que se encontró en una tumba en Hieracómpolis (foto nº 11), que Max Raphael describió como “el máximo logro artístico de la nueva edad de piedra”, revelará una fuerte influencia mesopotámica, caracterizada principalmente por la figura del llamado ”señor de los animales“ quien sostiene a dos leones del cuello en una distribución simétrica. Esta imagen la volveremos a encontrar en el mango del cuchillo de Yebel El-Arak con sus vestiduras y barba claramente protosumerias, la cual terminará desapareciendo en el período histórico. Por el contrario, en este mismo mural se volverá a constatar la temática mencionada más atrás, que perdurará durante todo el período histórico; me refiero a la escena del “abatimiento del enemigo”, acción que ocupará un lugar preponderante a la hora de representar al faraón en su vital tarea de aniquilar las fuerzas del caos para mantenimiento el orden cósmico y por tanto de la sobrevivencia de la “humanidad”. La tumba de Hieracómpolis a pesar que desde el punto de vista compositivo sea más bien multidireccional como las representaciones paleolíticas (foto nº 11) —aunque sin superposiciones—, en ella existen detalles que desde el punto de vista de la representación humana, prefiguran el arte faraónico, ya que se ha escogido el mejor ángulo de cada parte del cuerpo humano, para representarlo con la mayor claridad posible: el torso de la mayoría de las figuras ha sido representado de frente, en su anchura de hombros; los pies y el rostro de perfil (foto nº 11. Detalle).

En las formas tridimensionales, el modelado de este período va expresar una concepción del cuerpo humano que contendrá las características esenciales de la estatuaria de las eras posteriores: la capacidad de expresar mucho con el mínimo posible de recursos (Rita Freed: 331, 1997). El ejemplo lo encontramos en la diosa pájaro (24) (foto nº 12), diosa del agua y del aire, divina humedad vinculada al cielo y la tierra, representada también en la iconografía de la “cerámica de Marga” ya mencionada.

“La diosa paleolítica de la fertilidad había sido una representación científica de una mujer embarazada, parte del orden visible de la creación; pero un símbolo neolítico de la fertilidad sólo puede identificarse con dificultad como parte del orden visible de la creación. Ha sido abstraída del orden natural y se le ha dado una forma y un ser arbitrarios; arbitrarios porque son creaciones humanas. El artista neolítico pudo haber manifestado sólo su propio capricho, pero el capricho era precisamente el primer atributo que habría que dar a una deidad sobrehumana. Podríamos preguntarnos, ¿cómo podría haber concebido el hombre un dios si primero no hubiera descubierto una capacidad divina de creación en sí mismo? (25)”

Sin embargo será la piedra el soporte que se revelará como la forma de expresión, como el único soporte capaz de expresar en forma íntegra el espíritu de una emergente cultura de la permanencia. El escultor de Nagada II trabajará la piedra desde la brecha hasta el granito, con maestría sin igual. La sensibilidad de este artífice que habría pre-visto la forma del objeto representado en algún bloque evocador; que habría sido seducido por la singular forma de un trozo de piedra, se podrá apreciar en toda su intensidad en los preciosos recipientes zoomorfos esculpidos en el verde y liso esquisto o la hermosa y veteada brecha roja. Esta “revelación” de la forma se hace patente por ejemplo, en la armonía del objeto representado con el fragmento original de la pieza en bruto. Nada más que observar una vasija con forma de ibis esculpida en brecha que se encuentra en el museo de Berlín (foto nº 13) para confirmar lo antes dicho: el pico del ibis pegado a su cuello aprovecha exquisitamente la forma de la piedra original y el movimiento que ha logrado el escultor es aquí adelantado a su época.


NOTAS


(24) La Diosa pájaro aparece con pico o nariz pronunciada, cuello largo, pechos de mujer, alas o excresencias similares a las alas, y a veces gruesas nalgas femeninas resaltadas en un perfil que recuerda la forma de un pato o un cisne. A menudo carece de boca...” (M. Gimbutas. 1997).

(25) Herbert Read: Imagen e idea. La función del arte en el desarrollo de la conciencia humana. pp. 81 - 82. Editorial F.C.E., México, 1972.

Nagada III.

La estatuaria monumental tendrá su aparición en la fase denominada semainense (Nagada III) alrededor del 3100 a.c. en coptos, donde se descubrieron dos fragmentos de estatuas colosales (3 mts. De altura) del dios Min (foto nº 14)...

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Estilísticamente hablando, ellos continuarán con la anterior tradición esquemática, donde la forma se supeditaba a una estructura geométrica básica. No puedo dejar de referirme a una técnica que constituirá una nueva forma de representación, tal vez la más vital que surge en los últimos tiempos protohistóricos: el bajorrelieve. A sido rescatado un fragmento de una paleta para cosméticos de uso ritual denominada paleta del toro (foto nº 15). En ella se a representado a un toro, —hipóstasis del poderío faraónico como garante del orden cósmico—, envistiendo y aplastando a un enemigo, quien a su vez encarna al caos que constantemente amenaza el equilibrio cósmico sustentado por la emergente cultura faraónica. Desde el punto de vista formal, la paleta del toro presenta una clara influencia mesopotámica, ésta puede verse en el tratamiento macizo del cuerpo y en la geometrización esquemática de la anatomía del animal, características que —a diferencia de las culturas mesopotámicas—, la civilización faraónica abandonará definitivamente por una suavización general del modelado.

Los soportes ocupados en esta nueva técnica serán los peines de marfil, en los cuales los diversos animales representados en ellos distribuidos en fila, mostrarán una constancia de la composición en registros; otro soporte importante lo constituirán los mangos de cuchillos, como el ya citado de Yebel El-Arak (foto nº 16), —compáreselo con la estela de la victoria del rey de los acadios Naram-Sin (foto nº 17), casi mil años posterior— y las importantísimas paletas para cosméticos de uso ritual (foto nº 15), talladas en esquisto, con las cuales se ingresará de lleno en el período histórico, entendido este como la configuración del lenguaje de las formas, capaz de crear un estilo inconfundible por más de tres milenios, un estilo surgido de una voluntad artística de gran convicción: El arte faraónico.

Ya en la paleta de Narmer (fotos nº 18-19), el fundador del Egipto dinástico, alrededor del año 3100 a. C. —con quien comenzará la dinastía 0, en una secuencia que irá hasta XXXª dinastía— se encuentran todos los elementos que constituirán el arte de la civilización egipcia.


HACIA EL ARTE FARAONICO


En los albores de la civilización, la dimensión representativa del nuevo arte, mostrará una tendencia “humanista”, que se expresará sobre todo en las proporciones humanas idealizadas...

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El recurso de la escala de representación, quedará establecido de manera precisa, de acuerdo a la importancia del representado; así los dioses y el faraón de Egipto por ejemplo, serán la figuras centrales y de mayor tamaño. Los modos de representación mantendrán un fuerte frontalismo, si se trata de esculturas en bulto redondo, o si es que se trata de la representación de la naturaleza en un plano, se habrá escogido una representación aspectiva de toda figura. La figura humana por ejemplo (Foto Nº 18), mostrará sus partes más características, logrando expresar con ello su aspecto esencial, inmutable por decirlo de otro modo, —lo que en psicología de la percepción se conoce por “invariantes perceptuales” (véase nota 14). Se combinará una visión frontal con una lateral, mostrándose de perfil todas las partes salientes del cuerpo, al tiempo que los ojos y los hombros se representarán de frente, agrupándose todos sus miembros, en una suma de partes constitutivas. El tronco —en una especie de escorzo—, hará de punto de unión de toda la figura.

El paradigma de la representación humana arriba mencionado, nos muestra que la representación en el arte faraónico, basado en aquellas invariantes perceptuales, se verá en una permanente tensión a la hora de representar nuevas imágenes, tensión que por un lado buscará la imagen característica de las cosas, expresando así, la esencia de lo representado, en términos platónicos: la Idea de la cosa (Platón añoraría del arte faraónico lo que el arte griego de su época abandonaba). Por otro lado, y a diferencia de las propuestas del cubismo de Braque y de Picasso, el arte faraónico no estará dispuesto a sacrificar en pos de aquella esencialidad de las cosas— la integridad de la forma, forma que el cubismo ha desestructurado. En otras palabras, el arte faraónico experimentará una tensión constante, entre objetividad y subjetividad, entre la permanencia y el cambio, entre perspectiva y esencialidad; logrando resolver la paradoja en un lenguaje de las formas siempre armónico y equilibrado.

Los nuevos temas.

Por último es preciso destacar que los aspectos temáticos que se establecerán en este período, permanecerán por más de tres mil años de desarrollo de la cultura egipcia. En la Paleta de Narmer se puede observar la simbología de una monarquía sacralizada...

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expresada en la diosa Madre, progenitora del faraón reinante (Fotos Nº 18 y 19, arriba), quien es a su vez el hijo de los dioses y encarnación de Horus el halcón (Foto Nº 19, superior derecha), representado en la función del mantenimiento del orden del mundo, a través del sometimiento de las fuerzas hostiles, simbolizadas en la imagen de una cabeza de un enemigo, capturado con una cuerda que el Halcón sostiene con un brazo humano. El rectángulo que forma parte de la figura del enemigo capturado, simboliza la tierra, de la cual brotan seis plantas de papiro, queriendo simbolizar a través del número seis mil (en el futuro el número mil se representará con una planta de loto), una gran cantidad de prisioneros capturados en la tierra del papiral, es decir, del Delta.

Narmer aparece con la corona del Alto Egipto en la misma función que Horus el halcón. Con su mano derecha sujeta una maza para golpear al prisionero mientras lo coge del pelo (Foto Nº 18, centro). Sobre el registro superior se puede ver el nombre del soberano (Nar, el pez y Mer, la azuela) inscrito dentro de una fachada de una casa de gobierno (serej), ya que el faraón es quien establece el vínculo entre los hombres y los dioses, él es el sumo pontífice que gobierna desde su palacio, espacio intermedio entre el templo divino y la ciudad habitada, punto de contacto entre lo sagrado y lo profano. En el registro inferior aparecen dos figuras masculinas con sus miembros desarticulados, posiblemente muertos en el campo de batalla (Foto Nº 18, abajo). En la parte superior, a Narmer lo sigue un portasandalias ubicado en un pequeño registro (que en el futuro se utilizará como recurso para describir la profundidad) con su titulatura en la parte superior de su cabeza (Foto Nº 19, centro izquierda). En el anverso de la paleta (Foto Nº 19) vemos al mismo portasandalias que sigue al faraón Narmer, pero aquí el soberano, lleva la corona del Bajo Egipto, en un desfile triunfal, precedido por un sumo sacerdote y cuatro portaestandartes que personifican regiones integrantes del dominio faraónico. El faraón pasa revista a los enemigos decapitados y atados de brazos por la espalda. En el registro inferior aparecen dos felinos de largos cuellos que se entrelazan para formar el círculo que se utilizaría para la preparación de la pasta cosmética, hecha a base de malaquita, mientras dos hombres, puestos ahí como respuesta a un impulso de “horror al vacío”, los sostienen con unas cuerdas. Este símbolo simétrico, será el precursor del ideograma utilizado durante los tres milenios siguientes, conocido como Sema-Taui, el “Dominio de las dos Tierras”. En el campo figurativo inferior (Foto Nº 19, abajo) aparece el toro como hipóstasis del faraón, destruyendo una ciudad fortificada mientras aplasta a sus habitantes, representado en la figura de un hombre de rasgos distintivos, exactamente como en la escena de la Paleta del Toro arriba mencionada (Foto Nº 15).


La narración pictórica.

En la Paleta de Narmer se puede observar, cómo se a dividido el espacio de una manera tal, que se ha hecho posible ubicar las acciones en un tiempo sucesivo, aspecto compositivo muy diferente al “presente eterno” de las superposiciones del Paleolítico...

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Con la Paleta de Narmer se puede constatar, cómo es que, al iniciarse el período histórico, el estilo faraónico se configura en sus aspectos esenciales, ya que, como se puede constatar, con el surgimiento del Estado se iniciará una nueva etapa en la historia de la consciencia humana. ¿El deseo de una estabilidad social propia de una civilización en gestación, contribuirá a desatar las fuerzas internas que lograrán expresarse de una manera completamente distinta, a las eras precedentes? En la Paleta de Narmer podrá notarse que en el arte faraónico regirá un nuevo sentido del orden. Este nuevo paradigma estará basado en una orientación cardinal de las imágenes; imágenes que se proyectarán sobre un plano vertical, coincidiendo con la mirada hacia el horizonte —una especie de “realismo” preperspectivo, si lo comparamos con las orientaciones múltiples de las eras precedentes—, denotando una nueva actitud hacia el espacio representativo por este nuevo arte. La Tierra y el Cielo se conciben con el origen de la civilización, como las dos grandes paralelas en el cual se ubica el hombre, y el arte del inicio de la civilización, lo intentará representar una y otra vez; de ahí el nuevo sentido del orden que imperará en la consciencia estética de toda representación del espacio circundante. Esto explica la invención del registro o línea basal, en la cual se sustentarán todas las cosas, y la necesidad de ubicar secuencialmente, las imágenes constitutivas de toda representación en un plano: una “narración pictórica”. Esto, porsupuesto conllevando a su vez, a una tímida, pero novedosa, ruptura de la simetría. Una especie de equilibrio asimétrico en la composición.

Imagen y texto.

La invención de la escritura sumará un elemento completamente nuevo para la creación plástica, inexistente en los períodos anteriores: el texto. Palabra y forma estarán estrechamente conectados, constituyendo ambos, un entrelazamiento armónico que formará un todo indisoluble. El signo escrito, desde el pictograma al ideograma, para concluir en el fonograma, será siempre un signo-imagen....

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La civilización egipcia, a pesar de terminar utilizando dos formas de escritura paralelas (litúrgica y cotidiana), jamás abandonará el ideograma figurativo como modo de expresión sacra. Mientras que en la vecina mesopotamia, la escritura cuneiforme se desligará completamente del símbolo figurativo, los jeroglíficos o “palabras sagradas” (medu netcher) como los propios egipcios denominarán a su escritura, permanecerán prácticamente intactos durante el transcurso total de su milenaria historia (Stephan Wimmer: 343, 1997). El paso del tiempo sólo logrará embellecerlos cada vez más. La escultura o la pintura evolucionarán juntas con el arte caligráfico, ya que en lo profundo de la consciencia estética del hombre egipcio, la imagen y el texto no se concebirán nunca como entes completamente separados. Todo lo anterior denota como, el arte faraónico se irá diferenciando de las épocas pasadas, dentro de su misma geografía, y explica también, porqué se diferenciará del arte de las civilizaciones vecinas —la civilización sumeria por ejemplo— a quienes les deberá el impulso en la conformación de su propio estilo. Una vez que Egipto consolidó su Estado y fijó una tradición durante las primeras dos Dinastías, estuvo preparado para crear sus formas propias (J. Wilson: 83, 1967), su propio lenguaje formal... su estilo.

Lo humano como ideal.

En esta nueva etapa de la historia de la cultura, el hombre se convertirá en un ideal en sí mismo, donde la civilización egipcia lo expresará con toda su potencia creadora, descubriendo en su propio cuerpo, una expresión...

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visible de la armonía cósmica de la vida, al punto que a través de su imagen, proyectará inclusive la apariencia de los mismos dioses, las fuerzas superiores a él mismo, el mundo de lo desconocido. Exotéricamente hablando, la tan conocida frase que dice que “el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios” debe ponerse de cabeza y afirmar con toda intensidad, que con el origen de la civilización —y la egipcia en especial— será Dios quien estará hecho a imagen y semejanza del hombre.

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