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ESTUDIO DEL ANTIGUO EGIPTO EN CHILE













Por Osvaldo Maraboli





El interés y la fascinación de Occidente por la cultura egipcia ha sido permanente desde la Grecia minoica, pasando la expansión helenística impulsada por Alejandro Magno y la posterior conquista romana en el siglo I a.C. Tanto griegos como romanos tuvieron especial atención en Egipto y recibieron amplia influencia de él. Se sabe por ejemplo que los griegos establecieron sus órdenes arquitectónicos en base a las columnas de los antiguos templos egipcios. Entre los romanos era muy popular el culto a la diosa Isis, la cual se identificaba con la divinidades femeninas locales. Historiadores griegos como Heródoto, Estrabón y Plutarco viajaron y documentaron ampliamente sobre el país del Nilo, sus costumbres religiosas y su historia. Ambos pueblos codiciaron su cultura y riquezas, y en cada uno, en su momento lo integró a su respectivo imperio. Los griegos, bajo Alejandro Magno, conquistaron Egipto en el año 334 a.C. , y fundaron la ciudad de Alejandría, en la cual se instalaría su famosa Biblioteca. Crearon una nueva dinastía de reyes, los Ptolomeos, bajo los cuales el país recibiría una importante influencia helenizante. Roma, por otra parte, puso a Egipto bajo la tutela directa de los emperadores, después de la conquista; obeliscos, estatuas y esfinges fueron llevadas a la ciudad imperial para adornar plazas y lugares públicos, una especie de primera "egiptomanía" se apoderó de la península , de manera similar a como sería muy postreramente en Francia durante el siglo XIX. La dominación romana, sin embargo, tuvo una desgraciada consecuencia: durante la toma de Alejandría, en el año 47 a.C., Julio César decide quemar la ciudad destruyendo también hasta sus cimientos la Biblioteca y sus más de 700.000 volúmenes. Entre ellos se quemarían también los volúmenes de la "Historia de Egipto", de Manetón, escrita durante el reinado de Tolomeo I, y que contenía traducciones griegas de auténticos textos egipcios antiguos. Con este hecho se sella por varios siglos la posibilidad de traducir los símbolos de la escritura sagrada egipcia, cayendo así Egipto en la oscuridad, el "don del Nilo", como lo llamara el historiador viajero Heródoto.

PRIMERAS EXPLORACIONES

Durante la Edad Media multitud de monjes capuchinos, dominicos y jesuitas recorren el país motivados por la tarea de la evangelización pero fueron principalmente atraídos por los conventos y monasterios cristianos coptos, y en alguna medida llegan a describir algunas ruinas y monumentos. Mas adelante , en el siglo XVII, Jean de Thevenot se convierte en el primer viajero impulsado sólo por su curiosidad acerca del- en ese tiempo- misterioso Egipto. En 1652 recorre el Delta, El Cairo y llega a las cercanías de Saqqarah. Mas tarde , en 1664, publicó su "Viaje al Oriente", una recopilación de sus experiencias, y la primera en su tipo que se publica en Europa. Otro francés, Benoit de Maillet, cónsul de Luis XIV, explora Egipto en busca de antigüedades para llevar a Europa y publica en 1735 una obra similar a la anterior , en la cual aparece el primer dibujo seccional de la pirámide de Keops.

A finales del siglo XVIII Egipto atrae cada vez más visitantes ocasionales, en su mayoría franceses. Entre ellos destacan Savary, quien en sus "Cartas escritas desde Egipto" describe las pirámides de Gizeh, y el Conde de Volnay con su "Viaje por Egipto y Siria". Ningunos de ellos va más allá del Delta y la ciudad del Cairo y no se refieren particularmente a la historia o a los monumentos y templos del Antiguo Egipto. Estos relatos, sin embargo, pusieron a Egipto como nuevo tema de moda en los salones y cortes de Europa, y -junto al creciente interés imperialista de las potencias europeas (especialmente Francia) que ven al país como un enclave estratégico importante para el comercio y las comunicaciones con el Lejano Oriente- contribuyeron a generar las condiciones para la célebre campaña militar que Napoleón llevó a Egipto cuando ya concluía el siglo XVIII.

LA CAMPA├ĹA DE EGIPTO

El origen de la egiptología como disciplina propiamente tal , a pesar de lo extraño que pueda parecer, se relaciona con un hecho expansionista: La campaña militar de Napoleón Bonaparte en Egipto entre los años 1798 y 1799, una masiva invasión en la cual participaron 300 navíos y un cuerpo de 35.000 soldados elegidos entre los mejores del ejército francés. Si bien las reales motivaciones de Bonaparte no fueron del todo claras, es posible que haya tomado la decisión basándose en múltiples consideraciones . Por una parte existía un objetivo estratégico, el intento por distraer a las fuerzas de la armada inglesa fuera de las Islas Británicas para facilitar una eventual invasión, y bloquear su contacto con las colonias asiáticas controlando Egipto y la península del Sinaí, zona clave para realizar el soñado proyecto napoleónico de construir un canal marítimo en Suez (sueño que también deseaban realizar los ingleses para las comunicaciones con sus colonias en India). El plan incluía anexar Egipto y Palestina como colonias de ultramar francesas, todo lo cual implicaba entrar en abierta guerra con el Imperio Turco por un lado, y con Inglaterra, que tenía los mismos intereses sobre esta zona de Oriente Medio. Por otra parte estaban los problemas que el gobierno del Directorio enfrentaba tanto dentro como fuera de Francia: el sueño de Egipto se convirtió en una posibilidad de afianzar el poder de Napoleón como general en jefe y ampliar su papel político. De todos modos era una empresa arriesgada y algo extravagante, que a la larga sería un gran fracaso militar y estratégico, pero tendría insospechados resultados culturales, artísticos y científicos.

Cuando la expedición llegó a Alejandría el país llevaba casi 300 años como parte del Imperio Turco, que a su vez había sucedido a los árabes , quienes invadieron Egipto hacia el año 1000 de nuestra era. Solo un puñado de comerciantes europeos residía en el Cairo y Alejandría y no era seguro para ningún occidental aventurarse más allá del Delta del Nilo y las ciudades grandes. Las únicas referencias que poseía Napoleón y su ejército eran las contenidas en el libro de Volnay "Viaje a Egipto y Siria" publicado unos años antes de la expedición.

El hecho que convirtió esta campaña militar en algo muy especial -que tendría muy positivas consecuencias para la ciencia- fue que Bonaparte llevó consigo a un selecto grupo de 166 sabios, científicos, artistas e ingenieros conocidos como la "Comisión de Egipto", en su mayoría jóvenes y entusiastas, para estudiar todo lo relativo al país, su población y particularmente su antigua civilización. Influido por el racionalismo y el positivismo del "Siglo de las luces", Napoleón deseaba "abrir a Egipto a la razón" además de realizar un plan de desarrollo para el país , con la construcción de hospitales y obras públicas, y es posible que tomara su inspiración indirectamente de los relatos de antiguos viajeros, (como el Conde De Volney) y de la propia expedición de Alejandro Magno, quién el año 344 a.C. llevó a Egipto junto al ejercito griego invasor una corte de sabios y especialistas para estudiar el Oriente. Quizás su intención era no sólo emular aquella misión, sino también superarla.

Entre los hombres de ciencia y letrados que Napoleón llevó a Egipto se encontraban matemáticos como G. Monge (1746-1818) y S. Fourier (1768-1830), astrónomos como P. J. Beauchamp (1752-1801), químicos (C.L. de Berthollet, 1748-1822), geólogos (Dolomieu, 1750 - 1801), orientalistas e intérpretes (J.M. Venture de Paradis, 1739-1799) y toda una pléyade de médicos, economistas, diseñadores, botánicos, zoólogos, ingenieros, mecánicos e incluso poetas y escritores., como Percival de Grandmaison.

El 4 de julio de 1798 desembarcan en Alejandría los sabios y luna de las primeras impresiones que se llevaron sobre la ciudad es que no se trataba de la antigua y gloriosa polis helenística. De hecho sólo contaba con unos 6.000 habitantes y la mayor parte de los vestigios de la ciudad griega estaban bajo el mar producto de sucesivos terremotos. Desde el primer momento el espíritu de estos sabios fue puesto a prueba por las duras condiciones impuestas por el clima, la guerra, la falta de salubridad y la inestabilidad política y social del país. De hecho tras la batalla de Aboukir, en la que la armada francesa se enfrentó a la poderosa armada inglesa bajo el mando del comandante Nelson, se perdieron la mayor parte de los libros e instrumentos científicos que los sabios llevaban consigo, además de la posibilidad de un rápido regreso a Francia por el bloqueo marítimo inglés.

A pesar de este importante revés los planes de Napoleón para Egipto siguieron adelante. El 22 de agosto de 1798, poco después de la "Batalla de las Pirámides", fundó por decreto el Instituto Egipcio de Ciencias y Artes del Cairo, seleccionando una comisión de siete sabios para que eligieran a los demás miembros. El instituto se dividió en 4 facultades: Matemáticas, Física, Economía y Artes. Monge fue nombrado presidente, Fourier secretario perpetuo y Coztaz secretario adjunto. El mismo Napoleón se inscribió como alumno en Matemáticas. Como sede se utilizó el Palacio del Cairo, edificio ubicado en el barrio cairota de Nasriya, y en el que se habilitaron salas de reuniones, laboratorios, biblioteca, observatorio, imprentas e incluso las habitaciones para los miembros del instituto.

Los propósitos del instituto eran bastante amplios: investigación y publicación de datos sobre la naturaleza, industria e historia de Egipto, adoptando un enfoque multidisciplinario, además de planificar una serie de obras públicas de desarrollo para el país. La variada y extensa obra final, se publicó más tarde como "Description de l'Egypte" entre 1809 y 1828 y una gran parte de sus volúmenes estuvo dedicada a las antig├╝edades arqueológicas del país, lo cual representó un avance fundamental para el surgimiento de la egiptología como disciplina, aunque el término no se utilizó sino hasta mediados del siglo XIX, y fue por mucho tiempo la obra de consulta más importante sobre Egipto.

Uno de los miembros más destacados de la comisión de Egipto fue Dominique Vivant Denon (1747-1825).Con 51 años , tenía tras de sí una brillante carrera como artista, dibujante y pintor , bajo el favoritismo de la corte de Luis XV. Después de la Revolución pasó a formar parte del círculo de intelectuales y artistas del salón de Josefina , esposa de Napoleón. Fue ella precisamente quien lo presentó al general y lo recomendó para integrar la comisión, a pesar de la resistencia de su esposo. Una vez en Egipto, Denón dedicó casi todo su tiempo a dibujar todo lo que veía mientras acompañaba al ejército francés en su marcha hacia el sur, remontando el Nilo, que tenía como objetivo acabar con la resistencia mameluca. De este modo fue uno de los primeros europeos en aventurarse más allá del Delta y pudo contemplar y captar en sus dibujos el esplendor de las pirámides de Gizeh. La Esfinge, los templos de Karnak y Luxor, las ciudades de Dendera, Saqqarah y Tebas hasta llegar a Assuán, desde donde retornaron a El Cairo. En todo el viaje, además de dibujar, recolectó cantidad de antig├╝edades portables, como cerámicas, vasijas y rollos de papiro con escritura jeroglífica. Toda su trabajo se publicó como "Viajes al Alto y Bajo Egipto"como uno de los volúmenes de la mencionada "Description de l'Egypte", y su éxito fue tan fulminante que posteriormente se llegarían a publicar 40 ediciones. Ea la primera ocasión en que los europeos podían apreciar , sin riesgo, toda la magnificiencia de la arquitectura egipcia antigua y la extraña escritura que cubría sus muros. Una verdadera "egiptomanía" se apoderó de Francia y luego se extendió a Inglaterra y Alemania. Sus textos y sobretodo sus dibujos inspiraron a arquitectos, diseñadores y artistas, y motivaron a una gran cantidad de futuros investigadores en toda Europa, al dar una idea más exacta y completa sobre Egipto. Se puede afirmar que este hecho fue un hito fundacional para la egiptología, puesto que expuso Egipto al mundo occidental y creó la necesidad de un desciframiento de la escritura jeroglífica, meta que fue alcanzada por el genio de Champollion unos años más tarde.

El destino final de la campaña militar napoleónica no fue precisamente exitoso. Obligado a retornar a Francia por la urgente situación interna que vivía el país, tanto el ejército como los sabios del instituto fueron abandonados a su suerte. La flota inglesa seguía controlando el mar frente a Egipto y el general Kléber tuvo que aceptar una rendición y negociar un tratado con sus enemigos. El 4 de febrero de 1800 los sabios comenzaron a regresar a Francia; unos 25 de ellos habían dejado su vida en Egipto, casi todos por pestes y enfermedades y unos cuantos habían caído en combate o fueron asesinados.

LA PIEDRA DE ROSETA

El 19 de julio de 1799 se descubrió en la ciudad mediterránea de Raschid, rebautizada como Roseta por los europeos, un hallazgo importantísimo para la futura egiptología, y uno de sus hitos fundacionales. Mientras derribaban un muro del fuerte militar, un grupo de soldados franceses a cargo del teniente Bouchard encontró un fragmento de piedra maciza de color gris oscuro. De inmediato el teniente sospecha que se trata de algo importante y lo comunica a su superior Lancret, quien observa que esta escrito en tres tipos de lenguaje diferentes. Una parte en demótico (con caracteres griegos), otra en hierático ( una forma mas estlizada del jeroglífico) y finalmente una en jeroglífico.

El texto que se presentaba en griego fue traducido como un edicto de los sacerdotes de Menfis del año 196 a.C. que conmemoraba al faraón Ptolomeo V, lo cual en sí no representaba algo tan trascendental, pero sí lo era la posibilidad -sostenida desde un principio- de que se tratara del mismo texto escrito en tres tipos de símbolos lo cual abría la posibilidad de descifrar la parte jeroglífica, pues ya se conocía el texto griego. Con 1,20 mts. de alto, la piedra fue llevada al Instituto de Egipto para su observación. Allí se le practicaron todo tipo de vaciados y copias que fueron llevadas al Instituto de Francia en parís y a varios eruditos europeos. Tras la capitulación de Francia en Egipto, la piedra original quedó en manos de la armada inglesa junto a unas 50 toneladas de antig├╝edades, y fue llevada al Museo Británico en 1802, donde reside hasta nuestros días.

Con la fiebre de "egiptomanía" provocada por la publicación de la obra de Denon, además del regreso de la comisión de Egipto a Francia, se hizo cada vez más necesaria e inminente la traducción de los jeroglíficos de la piedra de Roseta, como también de otros documentos, papiros y monumentos que comenzaban a llegar a Europa gracias al tráfico de antig├╝edades que se inició con la campaña de Napoleón. Varios especialistas tomaron conocimiento de la piedra y comenzaron a trabajar rápidamente en torno a ella y su escritura. Entre ellos Jean Francois Champollion en Francia, y Thomas Young , en Inglaterra. Ambos iniciarían una "carrera" por quien sería el primero en llegar a un desciframiento satisfactorio de los símbolos jeroglíficos. La victoria, como se sabe, fue de Champollion, quien tras veinte años de trabajo casi obsesivo, logró revelar unos 20 caracteres jeroglíficos principales, con lo cual se abrió el camino para hacer posible la lectura no sólo de la piedra de Roseta , sino de toda la enorme colección de escritos del Antiguo Egipto, sentando las bases de la egiptología como disciplina científica y permitiendo a todos los futuros investigadores traducir y leer "la escritura de los dioses".

Bibliografía

"Bonaparte en Egipto". Desiré Lacroix
"Travels in Upper and Lower Egypt". Dominique V. Denon (1813)
"Egipto, tras la huella de los Faraones". Jean Vercoutter (1989)
"Las claves de Egipto". Lesley y Roy Adkins (2000)