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ESTUDIO DEL ANTIGUO EGIPTO EN CHILE













Pero dicen que los antiguos egipcios alejaban de sí la comodidad, el lujo y la vida regalada, hasta tal grado, que afirmaban que había erigida en el templo de Tebas una estela con imprecaciones inscritas contra el rey Menes, que fue el primero que apartó a los egipcios de un modo de vivir sin riqueza, sin dinero y sencillo. (Plutarco. Sobre Isis y Osiris ).


Por Elisa Castel / "Los Sacerdotes en el Antiguo Egipto"


Como ocurre con el culto, éste tampoco es el lugar para detallar las muchísimas fiestas que se celebraron en Egipto, ya que el tema sobrepasa los objetivos de este libro. Sin embargo, si queremos ofrecer una visión de conjunto ya que jugaron un papel importantísimo en esta civilización. Todas ellas destacan por su carácter jovial, aunque rememoraran, en ocasiones, acontecimientos teóricamente penosos y podían durar varios días. Eran básicamente de carácter religioso, pero a su alrededor se desarrollaban otras actividades.
Cuatro son los lugares más importantes para calcular la cuantía de las festividades que se celebraron. Básicamente son calendarios festivos, en los que se detallan las fiestas, el lugar, las ofrendas, los participantes, los ritos, etcétera. Están situados en:

* La Sala de los Festivales de Thutmose III en Karnak, donde están inscritas 54 fiestas del año.

* El Templo de Medinet Habu, construido por Ramsés III en Tebas oeste, donde las festividades aumentan a 60.

* El Santuario Ptolemaico de Horus de Edfu, donde se menciona la celebración de 40 festivales anuales. Este santuario recoge un inventario completo de diversos acontecimientos de la provincia, entre los que cabe destacar, el nombre de sus sacerdotes y sacerdotisas, las fiestas locales, y las costumbres religiosas. Lo mismo ocurre en el papiro Jumilhac y en el templo de Senusert I en Karnak.

* El Calendario de Fiestas del templo de Esna.

En el Valle del Nilo, podemos agrupar estos acontecimientos en tres grandes apartados:

1.- Fiestas estatales. Incluían a todo el país y consistían en festividades de origen cósmico encomendadas a los dioses o al rey.

2.- Las fiestas locales Eran de origen agrario y tenían un ámbito mucho más reducido (aunque no menos devoto). .

3.- Fiestas a los difuntos. El culto a los ancestros era una de las creencias más importantes. Estaba tremendamente arraigado, tanto que, algunas de estas festividades se incluían en las del primer apartado.

Entre las primeras, podemos mencionar como ejemplo la "Coronación del Monarca", la "Fiesta del año Nuevo" y la "Fiesta Sed", conocida como "Fiesta de Renovación Real". Esta última consistía en la regeneración de las fuerzas del rey por medio de los actos llevados a cabo en esta festividad, que se celebraba cada cierto número de años y que debía repetirse periódicamente. Entre las segundas, tenemos "la Fiesta de la Embriaguez" en Bubastis. En Tebas "la Fiesta de Opet", "la Bella Fiesta del Valle" en Tebas y "las encomendadas a Amenhotep I" (divinizado en Tebas Oeste). En otros lugares destacaremos "la de la Buena Reunión" en Dendera y "las de Osiris" en Abidos, etcétera. En cuanto a las terceras, generalmente se incluían en las grandes celebraciones estatales o locales, como es la "Bella Fiesta del Valle" y "El Festival de Min". Muchas se celebraban tanto en sus lugares de origen como en otras ciudades repartidas por la geografía egipcia y su duración variaba. Por ejemplo, la que se conmemoraba en Bubatis se celebraba durante 24 días y la de Dendera 11 jornadas (en el Período Romano).

Esta división se puede complicar siguiendo un criterio más detallado como hace C.J. Bleeker, en su obra Egyptian Festivals: 1.- Festivales Agrarios. 2.- Festivales de Estación. 3.- Festivales del Calendario. 4.- Festivales Familiares. 5.- Festivales de los Muertos. 6.- Festivales conectados con la vida de la comunidad. 7.- Festivales en honor a figuras divinas míticas. 8.- Festivales en conmemoración de eventos en la vida del fundador de la religión.



Los antiguos egipcios eran gentes alegres que siempre mostraron una especial predilección por las fiestas, como queda plasmado en su apretado calendario. Muchas de ellas se celebraban en el período de la inundación, cuando el pueblo se encontraba en el "paro" por la crecida del río que anegaba sus campos. Como la mayor parte de las festividades discurrían por el Nilo, éste era el momento más propicio para la navegación de las grandes barcas de los dioses. Otras, se repartieron a lo largo del calendario.

Durante los meses de verano, cuando la temperatura se "disparaba", el río aumentaba su caudal, fruto de las lluvias que meses antes habían acontecido en el lugar de nacimiento de los tres ríos que convergen con el Nilo al entrar en tierra egipcia (el Nilo Blanco, el Nilo Azul y el Atbahara). El Nilo blanco nace en lago Victoria, en Uganda y se alimenta de las lluvias de la zona tropical, y el Nilo azul, al igual que el Atbahara lo hacen en Etiopía y reciben las lluvias monzónicas del verano. El Atbahara se incorpora al Nilo al norte de Jartum, entre la 5ª y 6ª catarata. Era entonces, cuando los egipcios podían permitirse períodos de descanso que coincidían con el verano, ya que los agricultores no podían faenar de Agosto a Septiembre. De cualquier modo, estos hombres básicamente previsores, tenían más o menos controlada la inundación, ya que desviaban las aguas por una serie de canales artificiales que, además de aliviar el nivel del río, facilitaban que las aguas regaran sus tierras de una forma más o menos controladas. Una buena crecida sería aquella que no fuese muy abundante, ni muy escasa, ya que tanto el exceso como la carencia podría acarrear graves consecuencias para el país, entre ellas la plagas y la hambruna.

Por otro lado, cuando las aguas se retiraban, dejaban sobre el terreno una capa de limo muy fértil, que abonaba sus tierras de forma natural y los egipcios procedían a sembrar en los meses de octubre a noviembre. Al estar los campos húmedos, la siembra era muy fácil, simplemente debían arrojar el grano y dejar que el ganado pisoteara la tierra, hundiendo la semilla. Al mismo tiempo también fue aprovechado por el Estado, para "emplear" a la población desocupada en la construcción de sus pirámides, durante el Imperio Antiguo y de los grandes templos a lo largo de toda la civilización faraónica. A cambio, recibían sustento y vivienda hasta que pudieran volver a sus lugares de origen, cuando las aguas retornaran a su cauce normal.

Ya hemos hecho mención al elevado número de festividades del calendario egipcio, pero hay que tener en cuenta que en ellas se incluyen aquellas que se conmemoraban localmente, junto a las que tenían carácter nacional. Todas ellas se llevaban a cabo con un gran despliegue ritual haciéndolas actividades fastuosas donde participaban: el clero masculino y femenino, personajes de alta alcurnia, miembros de la casa real, funcionarios, artesanos, soldados, policía, el pueblo, etcétera. El cortejo estaba debidamente jerarquizado, tenían incluso personajes especializados en su organización. Así por ejemplo, en la ciudad de Tebas, Sennefer, que vivió bajo el reinado de Tutmosis III, en su tumba (TT99), nos informa que fue "Director de las Festividades"(i) .

El escritor clásico Heródoto (Historia II, 58, 59) recogió en su tratado, algunos de los usos y costumbres relativos a fiestas y celebraciones religiosas en el Valle del Nilo. Su crónica trasluce una cierta extrañeza y una acusada admiración. Es lógico que el autor, no acabara de entender muy bien su desarrollo, el boato y la activa participación del pueblo que con sus alabanzas y su alegría acompañaba a la deidad. Heródoto, influido por el raciocinio griego, intentó establecer una comparación completamente imposible entre los festejos egipcios y griegos. Al leer su obra, es conveniente tener presente la visión "extranjera" que nos ofrece, la época tardía en la que visita el país (siglo V a.C), y mantener un sentido crítico y selectivo. Cuando él pisó la tierra egipcia, tuvo que preguntar por tradiciones que ya se habían perdido en un Egipto agonizante. Pese a que demostró una gran admiración hacia esta civilización y fue lo más correcto que la época le permitió, inevitablemente añadió algo de imaginación e interpretación particular. No obstante, sigue siendo un valioso documento para saber algo más de la religión, las costumbres y las fiestas de los antiguos egipcios. Es más, su pensamiento se aproxima mucho más al de los antiguos egipcios que a nuestra propia y moderna visión de su mundo. A modo de ejemplo, citaremos un extracto de su obra:



Los egipcios, asimismo, fueron los primeros seres humanos que celebraron solemnidades religiosas con carácter nacional, procesiones portando imágenes y ofrendas rituales; y de ellos lo han aprendido los griegos. Y, en mi opinión, una prueba de lo que digo estriba en que, evidentemente, las ceremonias egipcias se vienen celebrando desde hace mucho tiempo, mientras que las griegas se han instaurado recientemente..

Los egipcios, por cierto, no celebran una única solemnidad nacional al año, sino varias. La principal, y la que suscita más fervor, se celebra en la ciudad de Bubastis, en honor de Artemis. La segunda en importancia, en la ciudad de Busiris, en honor de Isis..



Evidentemente, en los textos autóctonos también se registraron en abundancia las festividades. En ellos se detalla, a través de la escritura y de los relieves, muchos detalles del desarrollo de las mismas. Sin embargo, aunque con mucho no es el más explicito, de entre todos ellos queremos destacar un breve consejo moralista que nos sirve para ilustrar su filosofía de vida. Éste forma parte de las Sabidurías de Ani, y en él se recoge de una forma clara y concisa la piedad del pueblo egipcio que recomienda cual ha de ser la conducta que "alegra a la divinidad":

Celebra la fiesta de tu dios y vuelve a comenzar en su fecha. El dios se molesta cuando es olvidado.

La mayor parte de las fiestas egipcias eran públicas o al menos en una porción de las mismas podía acudir el pueblo a modo de espectadores. Los nobles también participaban desempeñando papeles mucho más concretos. No obstante las etapas más sagradas, más misteriosas, tenían lugar en la intimidad del santuario, lejos de la mirada del gentío y las protagonizaba el clero. Generalmente en los templos egipcios podía acceder el pueblo sólo a las zonas más externas del mismo, esto es, en los patios a cielo abierto, mientras que la parte más interna quedaba reducida al uso sacerdotal. Estos patios suelen estar decorados con pájaros Rejit, que simbolizaban a la población.

Como punto común en prácticamente la totalidad de las fiestas egipcias, los dioses se trasladaban en barca (como los humanos en un país dominado por el río). Normalmente poseían dos: una más pequeña, aunque no liviana y otra de grandes dimensiones. Por ejemplo en la fiesta tebana de Opet, el navío pequeño se llamaba Uches Neferu, que quiere decir "Que eleva la perfección (de Amón)". Era de madera dorada y decorada, y se guardaba en una sala del santuario; y en su cubierta se situaba una estructura tapada con un velo donde se escondía la imagen de la divinidad durante las procesiones. La gran barca, dada su envergadura, se atracaba en el muelle del templo y era la que acogía a la primera en las grandes procesiones.

En el caso de Amón, su impresionante navío se llamaba Userhat, que significa, "Amón del de la Proa Poderosa". Su barca fue creciendo y embelleciéndose con el transcurso de los años. Mientras que en la época de Hatshepsut (Dinastia XVIII) era relativamente simple y tenía unos 30 metros, en época ramésida se duplicó. A menudo, cuando esta última navegaba contra corriente, debía de ser remolcada por otra barcaza aún mayor comandada por un número indeterminado de navegantes especializados y capitaneada por el propio monarca o por el "Sumo Sacerdote", cuando el rey no podía estar presente.

Las proas y las popas de las embarcaciones tenían la insignia de la divinidad. La de Amón llevaba un carnero, la de Mut una mujer tocada con una doble corona y la de Jonsú un halcón con creciente lunar. El rey comandaba un navío que llevaba como insignia un haz de papiros. Sobre la cubierta y a partir del Imperio Nuevo, solía situarse una esfinge, sobre un estandarte, ella era la encargada de vigilar la navegación. Un caso muy distinto es el de Sokar ya que su barca es completamente diferente a la del resto de los dioses y aparentemente parece muy arcaica.

Acarrear la pequeña embarcación del dios a hombros con la imagen sagrada en la cubierta, era un privilegio. Los sacerdotes tomaban la estatua, la depositaban en el navío y la trasladaban hasta el muelle del templo, donde esperaba el gran barco que lo trasladaría por el río. Sabemos que para la barca de Amón eran necesarios de 12 a 30 sacerdotes, dependiendo de la época, ya que conforme los años fueron pasando, se hizo más pesada. En Dendera, la barca de Hathor la llevaban 8 miembros del clero que se hacían acompañar por otros 10 sacerdotes que transportaban en rigurosa procesión naos ligeras guardando a cada uno de los dioses paredros de la diosa Hathor. Entre ellos había simples sacerdotes portadores junto a "Sacerdotes Lectores" que recitaban los textos sagrados. Éstos suelen estar bien diferenciados, ya que vestían una piel de pantera. Los textos egipcios nos informan de personajes concretos que quisieron pasar a la posteridad haciendo grabar en su tumba el cargo que ocuparon. Nespaheremhat dice haber sido "Portador a la Cabeza de la Tercera Barra de la Derecha del Gran Dios", ya que generalmente el transporte de la embarcación se hacía mediante unas "andas" que variaban de 2 a 4. Solo algunas divinidades, como por ejemplo Min, en el templo de Medinet Habu, se trasladaba con en una estructura muy similar a la que hoy conocemos en los "pasos" de Semana Santa. El dios se colocaba sobre una plataforma, cubierta por un paño y bajo ésta se situaban los portadores, a los que en los relieves sólo se les ven los pies y la cabeza, para poder ver el camino que tenían que recorrer.



A partir del momento en que los miembros del clero salían de la zona sagrada del templo con el dios sobre susu hombres, la fiesta se convertía en pública. Era el único momento en el que el pueblo veía a la divinidad cara a cara, aunque velada por la corinilla que cubría el Naos de la barca, y podía presentarle sus súplicas.

Los habitantes del Egipto faraónico se agrupaban a su paso y algunas gentes acudían desde poblados alejados de la ciudad, para ver al dios fruto de su devoción. Por ello era necesaria la custodia y la vigilancia por parte de la "policía" y del ejército que controlaba al populacho. Sin embargo, sabemos que éstos no eran muy numerosos, sobre todo en la llamada "Bella Fiesta del Valle" en Tebas.

Las fiestas más importantes estaban siempre presididas por el rey, que llevaba a cabo los principales rituales. En el caso de fiestas locales o de orden menor, delegaba en el "Sumo Sacerdote" del dios en cuestión. Un mismo dios podía celebrar su fiesta en ciudades distintas, básicamente tenían los mismos episodios, pero también podían añadirse pasajes nuevos, diferentes en cada lugar. No en todos los santuarios se guardaba el mismo orden, ni se respetaban las mismas etapas del festejo: un claro ejemplo eran las fiestas de Osiris en las ciudades de Abidos y Busiris. En ambos casos el festejo discurría con un gran despliegue de sacerdotisas, bailarinas, y músicos que desempeñaban un papel fundamental en los ritos. Ellos anunciaban la presencia del dios. Todas las ceremonias se rodeaban de libaciones y fumigaciones, de cánticos y ensalmos, que creaban un ambiente proclive al misticismo.

Un hecho común tanto en el culto como en las fiestas, es la constante presencia del número cuatro. Cuatro eran las ocas que se soltaban para que volaran hacia el cielo, cuatro eran las flechas que se lanzaban hacia los puntos cardinales, cuatro veces se repetían algunas de las etapas del ritual. El número estaba considerado como mágico y representaba a los llamados cuatro Hijos de Horus: Amset, Hapi, Duamutef y Kebehsenuf, emisarios y encargados de informar al mundo y al cosmos, a través de los puntos cardinales, de los felices acontecimientos que tenían lugar, el Maat que reinaba en el país. Las flechas eran las responsables de aniquilar a todos los genios malignos que quisieran amenazar a la divinidad allende en los confines y por ellos se lanzaban al norte, sur, Este y oeste. Por otro lado, otra constante en las fiestas era el sacrificio de animales, éste estaba destinado a neutralizar las fuerzas hostiles y agradar al dios.

Como los santuarios y el rey eran responsables de proveer todo lo necesario para las fiestas, éstas gravaban a los templos con un incremento considerable del gasto. Había que contar no sólo con la preparación de la pompa en sí misma, sino que existía un número extra de ofrendas de todo tipo, cuya cantidad fue aumentando progresivamente. Pese al enorme dispendio que suponía para el país eran acontecimientos de carácter sacro-popular y por ello jamás dejaron de realizarse, es más, con el transcurso de la civilización aumentaron cuantiosamente. Tanto el Estado como el clero podía escatimar en algunas cosas, pero en ningún modo, en una fiesta divina. Eso sería ofender a los dioses y ellos podían castigar a Egipto con toda clase de penurias. Cuando la fiesta se desarrollaba en un lugar alejado de la capital, los nomarcas, que eran los dirigentes de las divisiones territoriales, tenían la obligación de alimentar al rey y a su comitiva cuando pasaban por sus dominios para asistir a ella.

Con motivo de estos festejos se consumían una gran cantidad de ofrendas diarias extras, cuyas cantidades mínimas estaban estipuladas. Éstas fueron cuantificadas por Kemp, en base a los registros del templo de Medinet Habu. Consistían en: 84 hogazas de pan y 15 jarras de cerveza para las fiestas habituales del mes, mientras que para las predilectas, como por ejemplo la de Sokar, podían alcanzar la cantidad de 3.694 panes, 410 pasteles, 905 jarras de cerveza, etcétera. Con este dato, se aprecia considerablemente la clara diferenciación que existía entre unas y otras, pudiéndose sacar en conclusión que las fiestas egipcias también se encontraban enmarcadas dentro de una estrecha jerarquía. Por otro lado, es extraño encontrar estas cifras, si tenemos en cuenta un dato que ya dimos antes: el consumo diario del templo. Recordémoslo de nuevo, ascendían a un total de 5.500 hogazas de pan, 54 pasteles, 34 bandejas de dulces, 204 jarras de cerveza y un amplio abanico de otros alimentos. En este último caso las cifras aumentan considerablemente, por lo que podrían formar parte del incremento que se sumaba a las cantidades habituales con motivo de estas celebraciones. En cualquier caso, todas ellas se repartían entre los miembros del clero y todos aquellos que participaban en la fiesta.

Cuando la festividad tenía connotaciones funerarias, como la "Bella Fiesta del Valle" en la que el dios visitaba la orilla occidental de Tebas, acompañando al rey partían un número de familias. Ellos tenían enterrado a algún miembro de su estirpe en la necrópolis tebana y se desplazaban para honrar a sus difuntos, tras la puesta de sol, de la forma que tenían costumbre, es decir, celebrando una comida de fiesta al pie de la tumba y presentándole ofrendas. Sabemos que en esta fiesta los familiares aprovechaban el paso de la divinidad para depositar óstracas con oraciones y súplicas en la esperanza de que el dios directamente atendiera sus ruegos. El paralelo más próximo a nosotros es la fiesta cristiana de "Todos los Santos". Por otro lado, también existía un culto a los ancestros divinos que habían participado en la creación del mundo y a los reyes que ya habían fallecido. En el primer caso, era necesario hacer una ofrenda cada 10 días para su regeneración.

Otro tipo de celebraciones eran las que acontecían con motivo de la elección del animal que debía representar al dios en la tierra, así como las ceremonias para honrarle una vez elegido. Por ejemplo el dios Ptah estaba encarnado en el toro Apis, Amón en el carnero, Horus en el halcón, Sobek en el cocodrilo, etcétera.

La elección de un nuevo animal acontecía siempre en el santuario y en presencia del monarca, que aseguraba la legitimidad del animal escogido. El dios, en su aspecto animal, podía ser reconocido por dos sistemas. En el primer caso, era la propia divinidad la que mediante un movimiento indicaba cuál era apto para ser considerado "su imagen terrestre", es decir, se escogía mediante un oráculo, mientras que el segundo método consistía en el reconocimiento de una serie de marcas precisas en el cuerpo del animal. Éstas eran las que indicaban cuál había sido designado por el dios para desempeñar tal función, aquel que reinaría como manifestación terrestre divina hasta el momento de su muerte. Acaecida ésta, pasaba a engrosar el cementerio de animales sagrados de la localidad. En el caso de Apis, consistían en tener el pelaje negro, el vientre blanco, una marca blanca en la frente, la figura de un buitre en la espalda, doble pelo en la cola y una señal en forma de escarabajo bajo la lengua. Realmente no debía ser tarea fácil encontrar una bestia de semejantes características en todo el Valle del Nilo. Recojamos un fragmento de Herodoto (II, 28,3) donde nos habla del asunto:



Replicóle Cambises, que si alguno de los dioses visible y tratable se apareciera a los egipcios, no debía escondérsele a él, ni había de ser el último en saberlo, y diciendo esto, manda a los sacerdotes que le traigan al punto al dios Apis, que al momento le llevaron. Debo decir aquí que este dios, sea Apis o Epafo, no es más que un novillo cumplido, hijo de una ternera, que no está todavía en la edad proporcionada de concebir feto alguno ni de retenerlo en el útero; así lo dicen los egipcios, que a este fin, quieren que baje del cielo sobre la ternera una ráfaga de luz con la cual conciba y para a su tiempo al dios novillo.

Tiene este Apis sus señales características, cuales son el color negro con un cuadro blanco en la frente, una a manera de águila (buitre) pintada en sus espaldas, los pelos de la cola duplicados y un escarabajo remedado en su lengua.



En ambos casos el rito requería, como acto imprescindible, que el nuevo animal fuera debidamente coronado. La fiesta constituía una ocasión de alegría y alborozo, ya que el dios había encontrado una vez más su sucesor, su encarnación en la tierra. Una vez entronizado, comenzaban los actos relacionados con la adoración y la presentación de ofrendas.

Como la ceremonia era semi-pública (1), en los relieves encontramos que además de su clero asistían un número escogido de personajes. Como nos tiene acostumbrado el folklore egipcio, el animal se mostraba al gentío que le reverenciaba como un gran dios, alegrándole con cánticos y salmodias. Al acto, y a modo de invitados, asistían otros dioses, representados por los sacerdotes ataviados con las máscaras distintivas de cada divinidad. Acudirían para proteger y afianzar el poder del animal, además de necesitar su presencia para que las entidades divinas le legitimaran como representante del dios en cuestión.

En este punto es conveniente recordar que la adoración a los animales, como representación terrena de una divinidad fue tardía, excepto para algunos dioses tradicionales como Apis (representante de Ptah) y Mnevis (heraldo de Ra).

El pueblo, devoto por naturaleza, celebró las liturgias puntualmente hasta que Egipto, dominado por la fe cristiana impuesta, prohibió el culto en sus templos. El responsable fue un hombre nacido en nuestra Hispania (ii) , concretamente en Coca, el emperador romano Teodosio el Grande, que en año 391 promulgó un edicto ordenando la clausura de los mismos. Sin embargo, Filé, centro de adoración de la diosa Isis, continuó practicando sus liturgias y mantuvo su comunidad. ¿Cual fue la razón para que no obedeciera al edicto de Teodosio? Simplemente el apoyo y defensa de los blemios, un pueblo nómada establecido en la Baja Nubia, que se instaló aprovechando la poca estabilidad del dominio meroítico, formando un pequeño reino de duración breve. Ellos, procesaban a la diosa Isis, patrona del santuario, una gran veneración. Los textos nos hablan tan sólo del nombre de dos de sus monarcas: Jarajen y Bachia. Aunque se fecha el reinado de los blemios desde el 350 al 700 d.C, cualquier dato posterior al 535 ha de ser revisado cuidadosamente. Entre los años 535-538 d.C, y por orden del emperador Justiniano, se cerró el templo de Isis en Filé. Éste era el último gran santuario que aún celebraba culto, mucho después de que el resto hubieran sido clausurados y prohibida su liturgia.

No obstante, otros pequeños recintos sagrados permanecieron abiertos tras el cierre de Filé. Por ejemplo, sabemos que Dendur se convirtió en templo cristiano, pero esto acaeció en el siglo VI d.C a finales del reinado del rey nubio Irpanobe, es decir, bajo Justiniano de Bizancio. Los textos nos informan que Justiniano ordenó a un sacerdote, llamado Abraham, que lo convierta en iglesia. Parece que su clausura provocó la hostilidad en el pueblo autóctono que adoraba, como en Filé, a Isis de forma piadosa. Por entonces en Filé se había instalado ya un obispo llamado Teodoro. La transformación de santuarios egipcios en iglesias es habitual en Egipto.



Notas:

El presente trabajo forma parte del libro de Elisa Castel: LOS SACERDOTES EN EL ANTIGUO EGIPTO, publicado por la editorial Aldebarán en Madrid 1998, pág. 137-150.

(i): No hay que confundir a este Sennefer con el de la llamada Tumba de las Viñas (TT 96).

(ii): Otros habitantes de Hispania que jugaron un importante papel en Egipto fueron Trajano y Adriano, ambos nacidos en Itálica.

(1): Las fiesta dentro de los templos se celebraron sólo a partir del Reino Nuevo