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ESTUDIO DEL ANTIGUO EGIPTO EN CHILE













EL ANTIGUO EGIPTO. ANATOMĂŤA DE UNA CIVILIZACIĂ“N

KEMP, B. J. (2003), Crítica, Barcelona, 415 páginas.

Palabras clave: Antiguo Egipto, civilización, cultura, religión, Estado. Key words: Ancient Egypt, civilization, culture, religion, State.


La obra que tengo el placer de reseñar constituye un clásico de la Egiptología. Tanto es así, que desde que viera la luz en el año 1992, no ha dejado de reeditarse hasta la actualidad. Tras su lectura, el lector será consciente de la trascendencia que posee su contenido, así como de su importancia dentro de los estudios egiptológicos.

Barry J. Kemp, profesor de Egiptología, desarrolla su actividad docente en la Universidad de Cambridge. Ha publicado numerosas investigaciones vinculadas con el estudio del antiguo Egipto, además de ser el director de las excavaciones en el yacimiento arqueológico de la ciudad de El-Amarna. A lo largo de su obra ha sabido exponer con claridad y maestría los aspectos más relevantes de los ámbitos económico, social, político y religioso de Egipto desde los comienzos del Estado hasta el Imperio Nuevo. El desarrollo temporal de la obra termina en este período, aunque de manera muy concreta se citan algunas fuentes posteriores.

El libro está formado por una introducción y siete capítulos estructurados en tres grandes partes. En la primera de ellas se analizan los factores que contribuyeron a la formación de la identidad egipcia, de su Estado y cultura. La segunda parte aborda las funciones estatales, concibiendo el Estado como órgano que gestiona el territorio dominado por los egipcios, tanto desde el punto de vista económico y político, como de la configuración y desarrollo de los asentamientos. La tercera parte centra su atención en el Imperio Nuevo, etapa que implicó cambios radicales con respecto a períodos precedentes. Además, se analiza con detalle una de las ciudades más importantes del antiguo Egipto, El-Amarna, pues a partir de ella se pueden inferir conclusiones relevantes para la comprensión del país en su totalidad. El contenido textual de la obra es complementado y enriquecido por la inclusión de numerosos mapas y planos, fotografías, gráficos y representaciones de numerosas escenas de la época, que tienen al color y al realismo como principales protagonistas, pues las primeras ediciones de esta obra incluían estos recursos en blanco y negro. Quizás, el excesivo detalle de las descripciones de determinados yacimientos arqueológicos pueda introducir un cierto "impedimento" en la lectura, aunque, por otro lado, comprendemos la necesidad de las mismas dada la tipología de la obra. Además, aunque el autor cita a pie de página las fuentes que han sido consultadas en cada caso, estimamos que hubiese sido muy necesario la inclusión de un epígrafe final que compendiase la totalidad de las obras consultadas ordenadas alfabéticamente, apartado que facilitaría la búsqueda de investigaciones específicas en consultas concretas. Asimismo, la existencia de un índice alfabético sí contribuye a la rápida localización de determinados conceptos y lugares.

La introducción de la obra estimamos que es magistral, pues además de comentar el marco geográfico y temporal de Egipto necesario para situar al lector en el espacio y en el tiempo, lleva a cabo el desarrollo del procedimiento que los arqueólogos deberían de aplicar cuando se "enfrentan" a la investigación de las sociedades antiguas. Esto constituye, a nuestro juicio, un recurso esencial, pues se plantean inicialmente los "pilares" sobre los que se apoyará la reflexión científica ulterior.

A continuación se explica el proceso que hizo posible el surgimiento del Estado a partir de los primeros momentos de vida de la civilización, es decir, a partir del Período Dinástico Antiguo o Período Arcaico (dinastías I y II; 3050-2695 antes de Cristo). El hecho mitológico no sólo está presente en el ámbito de la religión, también gira en torno a la génesis estatal. La organización del Estado implicó la presencia y desarrollo de un conjunto de ideas, de una ideología que marcaría el rumbo de la civilización. Así, se describen los tres pilares ideológicos más importantes de la sociedad egipcia: la tradición local, el dominio del orden sobre el desorden continuamente "acechante" y el papel político desempeñado por la joven arquitectura de aquel primer período.

El origen del Estado llevaba conjuntamente el desarrollo de la cultura, abordando el autor este aspecto en el segundo capítulo. Se describen los centros de los santuarios más relevantes del momento, destacando Medamud, Elefantina, Hieracómpolis, Abydos y Coptos, situados todos ellos en el tramo medio del valle del Nilo. El profesor Barry J. Kemp lleva a cabo una descripción detallada de los mismos, siendo muy interesantes los planos representados de cada uno de ellos. Aquéllos se configuran como ámbitos a partir de los cuales se produce una notable difusión cultural. Cuando se considera el plano cultural de la civilización egipcia, surge un marco cultural de ámbito nacional y uno de ámbito más local, popular. Así, parte del éxito del Estado se debió a que supo integrar en el marco nacional de mitos y estilos decorativos las tradiciones regionales. Además, en relación con ello aparecen los tipos arquitectónicos ideales, pues a partir de la arquitectura faraónica se puede inferir cómo se inventaba la tradición.

Los capítulos tercero y cuarto centran su atención en la función del Estado como órgano gestor de los recursos, cuyas actuaciones deben orientarse a la obtención del bienestar de las comunidades. El tercer capítulo trata la burocracia como fuerza determinante dentro de la sociedad y de las consecuencias a gran escala de los recursos sobre las relaciones entre el Estado y la población. El cuarto capítulo tiene como eje central la descripción de los diferentes modelos de asentamiento territorial, tanto de su génesis como de su planificación. En este sentido, se hace referencia al Imperio Antiguo (dinastías III a VIII; 2695-2160 antes de Cristo) e Imperio Nuevo (dinastías XVIII a XX; 1540-1070 antes de Cristo). Todo ello nos permite valorar la impronta que los pobladores dejaron en el espacio y su capacidad para estructurar el entorno que les rodeaba, además de vislumbrar qué aspecto tendría la sociedad humana.

En el capítulo quinto se entra en el análisis del período de esplendor del Estado, el Imperio Nuevo. En primer lugar, se examinan los espacios cultuales, que introdujeron una especie de espíritu corporativo en Egipto, y la jerarquía sacerdotal. En segundo lugar, se aborda la relación del máximo responsable de la monarquía y las divinidades. Así, durante el Imperio Antiguo había surgido con ímpetu el dogma de que el faraón era el hijo de Re, el dios Sol. Pero tener por deidad suprema al Sol originó un problema, puesto que aquella vinculación dificultaba concebir al dios en términos humanos. Por esta razón, durante el Imperio Nuevo al dios supremo, del cual procedía el monarca, se le concedió el aspecto de un ser humano, fue el dios Amón. Su elección estuvo motivada porque era una antigua divinidad de Tebas, la urbe de origen de los faraones de la dinastía XVIII. A partir de aquí, el autor desarrolla con detalle la "Finca de Amón", es decir, la ciudad tebana, donde destacaron sobremanera los templos de Karnak y Luxor. También se describen los distintos tipos de festividades en honor al culto de la divinidad.

El desarrollo del Estado como institución debe ser paralelo al desarrollo de la economía, y éste es precisamente el aspecto considerado en el sexto capítulo. Se abordan los rasgos característicos de la economía egipcia, que obviamente no puede ser comprendida si aplicamos la estructuración de los modelos económicos modernos. Tanto el sector público como el privado son estudiados desde la perspectiva de sus fortalezas y debilidades.

El último capítulo adopta un enfoque centrado en la ciudad de El-Amarna, enclave urbanístico de trascendencia nacional, puesto que algunas dinámicas identificadas en esta urbe pueden ser extrapoladas al conjunto de la sociedad del antiguo Egipto. En este sentido, se comenta tanto las instituciones de la ciudad, como las características de la vida y de la población de este ámbito. Recuérdese que la ciudad de El-Amarna es la denominación que recibe en la actualidad el sector de la ribera oriental del Nilo de un ámbito urbano mayor, la ciudad de Ajetatón o Akhetatón, "el Horizonte de Atón", "el Horizonte del Sol". Este enclave de mayores dimensiones fue fundado por el monarca Ajenatón, conocido como el "monarca hereje", pues hasta el momento en todo Egipto había dominado el culto al dios Amón o Amón-Re de Tebas, sustituyéndolo por el culto al disco visible del Sol, denominado Atón por los egipcios. Éste tenía la imagen de un disco del cual descendían numerosos rayos, cada uno de ellos acabado en una pequeña mano. Ajenatón concebía al Atón como el creador universal de toda la vida, cuyo principal feudo y lugar de culto sería la ciudad de Ajetatón, al igual que también se configuraría como la sede real y fúnebre de su familia.

En definitiva, Barry J. Kemp ha escrito una obra que constituye un gran paso para la Egiptología, de obligada consulta para todos aquellos interesados en adentrarse en los "secretos" del antiguo Egipto. Además, nos aporta una visión distinta de la civilización, centrada no sólo en la grandiosidad de los proyectos que en aquellos momentos se iniciaron, sino también en una sociedad jerarquizada que "pactó" con el Nilo su propia supervivencia.