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ESTUDIO DEL ANTIGUO EGIPTO EN CHILE













EL ARTE EGIPCIO EN BERLÍN.

WILDUNG, D. (1994) Obras maestras del Bodemuseum y de Charlottenburg, Ägyptisches Museum und Papyrussammlung Staatliche Museen, Berlín, 60 páginas. [ISBN: 3-8053-1602-X].

Palabras clave: arte, Egipto, Berlín.
Key words: art, Egypt, Berlin.

La obra "El arte egipcio en Berlín" constituye un recorrido por los diferentes períodos históricos de la cronología del antiguo Egipto a través del estudio de las obras de arte -estatuas, relieves, retratos y objetos- pertenecientes a las colecciones del Bodemuseum y de Charlottenburg de la ciudad de Berlín (Alemania). El seguimiento cronológico adoptado en este libro difiere en cierto grado de los esquemas temporales tradicionalmente aplicados en el estudio de la civilización egipcia, pues distingue entre el período de El-Amarna y su etapa posterior, y el imperio de Meroe. Además, no se hace referencia al Primer y Segundo Período Intermedio, por lo que suponemos que los centros museísticos anteriormente citados carecen de obras pertenecientes a ambas etapas.

Hasta el año 1939, la colección del Museo Egipcio de Berlín constituía una de las más importantes de su género en el mundo, aunque las tensiones políticas acaecidas en Alemania hasta el 9 de noviembre de 1989, fecha en la que se produjo la caída del muro de Berlín, habían separado a los diferentes museos. Así, las obras egipcias pueden ser contempladas tanto en el Bodemuseum como en Charlottenburg hasta que la colección sea unificada en un único centro museístico, el Neues Museum ubicado en la isla de los Museos de Berlín. Hasta que llegue el momento de la unión artística, el primer centro acogerá todos los aspectos históricos, culturales y religiosos del antiguo Egipto, mientras que el segundo se concentrará en las obras de arte egipcias, con especial mención en las pertenecientes al período de El-Amarna. Precisamente, un objeto encontrado en una excavación de esta ciudad, el busto de la reina Nefertiti, se ha transformado en el principal reclamo y en la obra por antonomasia del Museo Egipcio de la ciudad berlinesa.

Durante el Período Protodinástico (3000-2650 a. C.), la región del valle del Nilo y su delta aparece como un territorio unificado bajo el mandato de un soberano denominado "Rey del Alto y del Bajo Egipto". Esta unidad estuvo determinada por las óptimas condiciones de vida y la unificación geográfica de la región. El desarrollo de la escritura y la interpretación del mundo a través del arte se transformaron en dos grandes riquezas de Egipto.

El arte del Imperio Antiguo (2650-2150 a. C.) representó sólo tres tipos de esculturas del cuerpo humano frente a la ingente variedad de tiempos precedentes: la estatua sedente, de pie en actitud de caminar y la estatua del escribano. La posición sentada estaba reservada a los altos dignatarios y a los difuntos, puesto que la silla se convierte en el trono que representa el carácter inmortal del personaje. La acción de caminar desempeña la función de visualizar la dinámica del ser humano más allá de los límites de la muerte. El arte egipcio fue utilizado para reflejar la esencia de los objetos, pero también se convirtió en un instrumento de la política para representar la superioridad estatal de Egipto frente a otras ideologías.

En el Imperio Medio (2050-1650 a. C.), las provincias cobraron mayor importancia, circunstancia que permitió el desarrollo de una creatividad propia. En comparación con el Imperio Antiguo, tanto los retratos reales como los de particulares realzan más el carácter individual de las personas, por lo que no es extraño la redacción de inscripciones biográficas en la época. El arte del Imperio Medio encuentra el punto culminante en su etapa clásica debido a la interrelación entre la tradición y la innovación.

Durante el Imperio Nuevo (1550-1350 a. C.), el arte del Egipto antiguo centra su atención en las gloriosas épocas pasadas. Destaca la representación del rey como institución frente a la del soberano como individuo, puesto que se estaba llevando a cabo una política de expansión hacia el Próximo Oriente y el actual Sudán.

El período de la ciudad de El-Amarna (1350-1330 a. C.) es especialmente relevante para el Museo Egipcio de Berlín, puesto que el busto pintado de Nefertiti, obra emblemática del mismo, fue localizada en dicho enclave urbano en la casa del escultor Tutmose. Esta reina fue esposa del soberano Akenatón (Amenofis IV o Amenhotep IV), que fundó la ciudad de Aketatón (El-Amarna es el nombre actual de la orilla oriental del Nilo de aquella gran urbe) en honor al culto del disco solar Atón, por lo que fue considerado como "el monarca hereje", ya que hasta ese momento en todo Egipto las prácticas cultuales se habían centrado en la divinidad Amón-Re. Así, la denominación de Amón es eliminada de numerosas inscripciones del país. De este modo, en la religión continúa vigente la idea de un dios supremo y universal, imponiéndose una concepción monoteísta de la divinidad.

La gran expresividad de la producción artística caracterizó el arte del período posterior de El-Amarna y la época de los Ramésidas (1330-1070 a. C.), fundamentalmente en Menfis, ciudad a la que se desplaza la realeza después de abandonar "la ciudad-universo" de Akenatón. La libertad y el carácter impresionista del arte se pierden y regresa la severidad tradicionalista del clasicismo de los Ramésidas, quienes intentan recuperar el arte anterior a la ciudad de El-Amarna, es decir, el correspondiente a la época de Amenofis III. Los contrastes entre la tradición y la innovación serán uno de los ejes centrales de la creación artística ramésida. La ciudad de Tebas, en el Alto Egipto, será la principal representación de las prácticas tradicionales, mientras que el carácter innovador se verá reflejado en la ciudad de Menfis del Bajo Egipto.

El Tercer Período Intermedio (1070-712 a.C.) implicó la pérdida de unidad política nacional característica de la etapa anterior, aunque la cultura no experimentó una grave alteración. En el mundo funerario, la ornamentación de las tumbas fue cada vez más modesta debido a la precariedad de la economía. El arte de este período tiene su punto culminante en la elaboración de figuras de metal, principalmente de bronce con incrustaciones de oro. Destacaron las representaciones de divinidades antropomorfas, con forma de animal o una mezcla de ambas, utilizándose como ofrendas votivas.

La Baja Época (750-332 a. C.), como su propia denominación indica, se trató de un período de decadencia. Egipto abandonó su aislamiento producido por su autosuficiencia y su superioridad, transformándose en un poder más del Próximo Oriente, con una elevada dependencia política de los pueblos de su entorno. En el año 750 a. C. aproximadamente, el reino de Kush, situado en las tierras nubio-sudanesas, invade Egipto a través del valle del Nilo y extiende su dominio hasta del delta del río, acontecimiento que tendrá consecuencias artísticas, como la introducción de rasgos no característicos de Egipto en las obras. En el 656 a. C., los kushitas se retiran del país, pero su influencia había afectado ya a la escritura, la política, la religión y el arte. En cuanto a la presencia griega, ésta no tuvo incidencia en el arte, pero sí una notable relevancia económica.

La época tolomea y romana (332 a. C. - 395 d. C.) comienza con la conquista de Egipto por parte de Alejandro Magno, hecho que pone fin a la independencia política del país. La capital del Imperio residirá en Alejandría, ciudad situada en el delta del Nilo, aunque durante siglos se conservarán las tradiciones culturales, religiosas y artísticas. La integración de los griegos en la población local no llega a ser plena, circunstancia reflejada en el arte. El ámbito meridional de Egipto intenta cerrarse a las influencias del Imperio Romano, mientras que la religión egipcia se divulga por Italia y la totalidad del imperio fundado por los romanos. Así, se produce una combinación en el ámbito cultual de las imágenes de Isis y Osiris con los misterios helenísticos, surgiendo en numerosas urbes romanas templos en honor a estas deidades. El imperio de Meroe (300 a. C. - 300 d. C.) surge como fuerza política autónoma en el valle nubio-sudanés del Nilo. Procede del reino de Napata y sus dominios se extendieron desde la región del actual Khartum (norte de Sudán) hasta Assuán (sur de Egipto). El Museo Egipcio de Berlín posee una de las colecciones más importantes de esta época, pues el arte y cultura meroítas constituyen una de las áreas de trabajo propias de la egiptología berlinesa.

El recorrido artístico de la presente obra permite al lector llevar a cabo un viaje histórico a través de los diferentes hitos que han marcado la evolución de la civilización del país del Nilo, desde su génesis hasta su decadencia. Las distintas representaciones contenidas en el libro se transforman en auténticas imágenes del pasado de una de las culturas de mayor esplendor del mundo, donde la "grandeza" del continente africano no pudo ensombrecer el sentimiento egipcio