cabecera

ESTUDIO DEL ANTIGUO EGIPTO EN CHILE













Por Juan José Castillos
Egiptólogo / Instituto Uruguayo de Egiptología

Durante muchos siglos la mujer ha estado sometida a los dictados masculinos, los que le han impuesto un modo de vida y hasta actitudes e inclinaciones totalmente artificiales. Aún hoy en día muchas mujeres consideran naturales a su condición femenina condicionamientos concebidos para beneficio ajeno.

A pesar de lo que muchos quisieran creer, esta situación no es universal ni se remonta indefinidamente atrás en el tiempo. La sumisión de la mujer no parece haber existido en las comunidades prehistóricas o antes de la aparición de la propiedad privada.

En el caso del antiguo Egipto, esa brillante civilización que floreció durante tres mil años en el Mediterráneo Oriental y que tanto aportó al proceso civilizatorio de nuestro hemisferio, la posición de la mujer fue radicalmente diferente a la que hallamos en las demás sociedades de tipo patriarcal que lo rodeaban.


REINAS CON PODER PROPIO


En los orígenes de la civilización egipcia, en el período predinástico que la precedió entre los años 4.000 y 3.000 antes de nuestra era, la evidencia arqueológica que de acuerdo al tamaño y al alhajamiento de las tumbas contemporáneas, hombres y mujeres gozaban de un tratamiento similar, en un plano de igualdad.

Más allá de la evaluaciones más o menos subjetivas de los historiadores, esta evidencia surgió recientemente de estudios cuantitativos que realizamos y que prueban que las mujeres tenían en muchos aspectos un status por lo menos igual al de los hombres de este período.

Cuando se produjo la unificación de Egipto en un solo reino hacia el 3.000 a.C., los documentos arcaicos nos indican la existencia de poderosas mujeres, quienes compartían con sus consortes masculinos las conducción de los destinos del país.

J. de Morgan a fines del siglo pasado, descubrió en la localidad de Nagadeh, al sur de Egipto, una impresionante tumba de 53 metros de longitud y 27 metros de ancho ocupada por la reina Nithotep de la Primera Dinastía, consorte del rey Narmer. Pocos años después, una reina llamada Meryet-Nit parece haber ocupado el trono por si sola.

En períodos posteriores de la historia egipcia, sabemos de por lo menos de cuatro reinas quienes gobernaron el país sin tutela ni patronazgo masculino. Tres de ellas son figuras no muy bien definidas ya que sabemos muy poco acerca de sus reinados. Nos referimos a las reinas Nitoeris de fines del Antiguo Imperio, Sobeknefru de fines del Imperio Medio y Twosret de la Dinastía XIX, a fines del Imperio Nuevo. Sin embargo cabe suponer que gobernaron bien al país, pues en el caso de la reina Nitocris, más de dos mil años más tarde, durante la dominación romana, se la recordaba como "la más valiente y la más hermosa mujer de su tiempo".


HATSHEPSUT Y NEFERTITI


La cuarta reina accedió al trono con el nombre de Hatshepsut, a principio del nuevo imperio, hacia el año 1.500 a.C. y reinó por veinte años. Condujo vigorosas campañas militares hacia el sur. Hizo construir uno de los más bellos templos de Egipto en la región del Deir el Bahari (Luxor), incorporando al diseño una sucesión de rampas, terrazas y patios de columnas que aún hoy seducen al turista por la gracia del monumento, que hace olvidar lo masivo de su mole pétrea, todo lo cual tiene la virtud de armonizar con el entorno formado por los altos acantilados del macizo occidental de Tebas.



Le quedó tiempo también para promover un fluido intercambio comercial con lejanas comarcas que hizo representar en las paredes de su templo, en donde podemnos ver imágenes de un gran realismo que recrean pueblos, plantas y animales que hace mucho han desaparecido de la región.

Un detalle elocuente que nos ilustra sobre el talento y el carácter de esta mujer de hace 3.500 años, es que mantuvo durante todo su reinado, relegado a un segundo plano a su sobrino, el futuro rey Tutmosis III, gran conquistador conocido como el "Napoleón egipcio", quien extendió las fronteras del país hasta el río Eufrates.

No podemos dejar de mencionar a la famosa reina Nefertiti, que si bien no reinó sola como consorte del rey Amenofis IV (Akhenatón) hacia el año 1.350 a.C., desempeño un papel protagónico en las importantes reformas políticas, artísticas y religiosas impulsadas por su esposo. La evidencia arqueológica parece indicar que esta reina estaba tan comprometida con las reformas emprendidas, que continuó empecinadamente propiciándolas, aún después de que su esposo comenzara a intentar una reconciliación con sus adversarios ortodoxos.


SORPRESAS PARA HERODOTO


Gobernantes hábiles, innovadoras, firmes y abiertas al arte o a las inquietudes de tipo espiritual o intelectual, estas grandes mujeres del Egipto antiguo pueden parecernos excepciones dentro de la sociedad más tradicional. Pero la realidad es que la abundante evidencia documental, nos muestra a la mujer egipcia común, del pueblo, gozando de derechos y prerrogativas desconocidas en el resto del mundo antiguo.

Otro detalle significativo es que la divinidad egipcia de la escritura, patrona de la función administrativa desempeñada por los escribas, era representada como una mujer, la diosa Seshat.

Heródoto, al viajar por Egipto, se sorprendió de hallar mujeres por todas partes trabajando, comprando, vendiendo, cumpliendo funciones de variada índole, administrando fincas o dirigiendo ritos en los templos. En libro II de su historia, Heródoto decía: "Lo egipcios mismos en sus maneras y en sus costumbres, parecen haber invertido las prácticas ordinarias de la humanidad. Por ejemplo las mujeres van al mercado y se emplean en el comercio, mientras los hombres se quedan en casa tejiendo".


TANTO EN LA LEY COMO EN LA PRÁCTICA


Desde el punto de vista legal, las mujeres gozaban de derechos comparables a los de los hombres en cuanto al goce de sus propiedades, ya fueran solteras o casadas. Podían sentarse como miembros de tribunales de justicia, litigaban, heredaban o testaban, adoptaban niños o liberaban esclavos por si solas, sin requerir la anuencia o la aprobación de hombre alguno.

El goce de todos estos derechos no implicaba la pérdida de su femineidad por parte de estas notables mujeres de la antigüedad. Seguras de la solidez de su posición, podían expresarse libremente, sin recato o pacatería, como en estos versos del Papiro Chester Beatty: "¿Porqué justo ahora debes interrogar a tu corazón? / ¿Es este momento de discusiones? / ¡A ella digo yo! / ¡Tómala en tus brazos! / ¡Por dios hombre, soy yo que vengo a ti con mi túnica resbalando sobre mi hombro..." Quizá se sorprenda el lector de que no mencionemos a otro famoso personaje, la inmortal Cleopatra. Pero si bien esta reina fue una gran mujer en muchos sentidos, tuvo poco de egipcia. Era descendiente de una dinastía extranjera que detentó el poder en Egipto por varios siglos y reinó en un período en que esta nación se encontraba en franca decadencia, luego de haber perdido su independencia y luego de que sus habitantes nativos hubieran sido relegados a la condición de ciudadanos de segunda clase en su propio país.



BIBLIOGRAFÍA:


  • J. J. Castillos, "A reappraisal of the published evidence on Egyptian Predynastic and Early Dinastic cemeteries", Toronto, 1982
  • I. Contrell, "Lady of the Two Lands", New York, 1967
  • W. Edgerton "Notes of Egyptan marriage", Chicago 1931
  • B. Lesko "The remarkable women of Ancient Egypt", Berkeley, 1978
  • P. Pestman, "Marriage and matrimonial property in Ancient Egypt", Leiden, 1969
  • S. Wening, "The woman in Egyptian art", Leipzig, 1969